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Tag Archives: The Cure

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Photo by Bacteriano

Los libros, los discos y el cine son mis formas favoritas de consumir arte, a los primeros va dedicado este post.

De niño ya disfrutaba de la lectura, las novelas de Emilio Salgari o Julio Verne fueron mi primer acercamiento a la palabra escrita, pero el enganche total empezó aproximadamente a los 18 años, y como no podía ser de otra manera en mi vida la música tuvo mucho que ver con el material a elegir. Si tuviera que situar la primera vez que un libro llegó a mi vida gracias a las canciones este sería “El extranjero” de Albert Camus. El motivo del acercamiento fue la letra de la canción “Killing An Arab” de The Cure, me lo presto mi amigo Fernando y lo leí de un tirón en una noche, se puede decir sin lugar a dudas que entre en el mundo del existencialismo gracias a Robert Smith.

Pero no puedo negar que la mayor influencia en mi vida literaria fue Jim Morrison, gracias a el llegue a Kerouac, Burroughs, Celine, Blake, Rimbaud, Stendhal y Ginsberg, la generación beatnik y los poetas clásicos se presentaban ante mi gracias al Rey lagarto, nunca voy a terminar de estar agradecido por abrir ante mi las puertas de la percepción y de la obra de estos maestros de la literatura.

Los músicos argentinos también aportaron su granito de arena, llegué a Artaud por Spinetta y a Bukowski por Fito Páez, “Polaroid de Locura Ordinaria” es el bello homenaje que le dedicó Fito al mas entrañable de los escritores vagabundos de este mundo.

También se da el caso inverso, Auster, Houellebecq, Hornby o Thompson son para mi como escritores rockeros, cada uno con su estilo pero todos elevando mi espíritu de la tierra gracias a sus palabras. Descubrir sus libros es para mi comparable a la primera escucha de un disco de Jimi Hendrix o Led Zeppelin, una sensación maravillosa e insuperable.

Si no conocen a alguno de los autores mencionados en este post se los recomiendo a corazón abierto, sus vidas no serán las mismas después de leerlos.

Hace un tiempo escribí sobre las primeras escuchas de esas canciones que quedan grabadas en nuestra mente mas allá de la trascendencia comercial y la siempre excesiva rotación radial. Y lógicamente todas esas canciones están asociadas a diferentes espacios. Barrios, plazas o calles sirvieron de locación para que esas melodías se presenten en nuestras vidas.
Un ejemplo en mi vida es la Avenida Cabildo, especialmente el perímetro que va desde la calle Echeverría hasta Monroe, en 5 calles transcurrió una gran parte de mi vida adolescente. Era lugar de encuentro, de formación cultural, de vanguardia, de amores y catástrofes, básicamente todo aquello que suele ser nuestro único interés cuando se empieza a vivir.
Esta avenida para mi es The Cure, Ramones, Madness, U2, Tears For fears, Echo and the Bunnymen, Simple Minds, New Order y solo son algunos ejemplos representativos. No puedo escuchar canciones de estos grupos sin relacionarlas con La galería Churba, la discoteca Star Light y el olor de la pizzería Burgio, un lugar al que jamas se atrevió a entrar un inspector de bromatología.
Otro lugar inolvidable es la casa donde vivía mi amigo Camilo con sus tías en el barrio de Nuñez , era un templo donde cualquier noche de la semana uno era bien recibido, allí escuchábamos a los Doors hasta el agotamiento, la literatura se combinaba con hamburguesas de Rojo y Negro y partidas de Black Jack con Javier, nuestro tahúr particular. Para mi Jim Morrison no es Sunset Strip ni Venice Beach en Los Angeles, es Libertador a la altura del estadio Obras Sanitarias.
Otro recuerdo que tengo grabado en mi memoria es mi casa natal en el barrio de Palermo viejo, cuando la calle Armenia se llamaba Acevedo. Allí el rey durante mi infancia fue el vinilo, recuerdo que ponía el disco “I Robot” de Alan Parsons Project, me recostaba en el suelo de madera y me colocaba bestialmente los altavoces pegados a mis oídos intentando que la música entre profundamente a mi cerebro. Creo que esas fueron mis primeras experiencias psicotrópicas involuntarias…
Y hoy día no podría imaginar la sala de edición de MobuzzTV sin música de fondo, ya existen clásicos de ese espacio, allí sonaron mas de mil veces canciones como “Los olvidados” de Sidonie, “Sunny” en la tremenda versión de James Brown, “Good Vibrations” de Brian Wilson o “Por Mi tripa” de los Pereza. Y mas de una vez, cuando el cansancio, el hartazgo, las malas noticias o la adversidad se hicieron presentes en ese lugar, cualquiera de los allí trabajamos supimos poner la canción adecuada en el momento exacto, y este es un recuerdo que me quiero guardar para siempre.

(Sony no me deja poner el video original, lo siento)

La frase que da título a este post lógicamente tiene una historia detrás, me la espetó en la cara mi mujer hace muchos años. Con esta sentencia me hacia responsable de su estado emocional por haber roto con ella la primera vez que comenzamos nuestra relación, allá por los tiempos de nuestra mas tierna juventud. Lo notable del asunto es que yo lo sentía como un reconocimiento a la influencia que había causado durante ese breve período de relación en su gusto musical. Espero que por este comentario las mujeres que leen este blog no me consideren un cretino, a más de 20 años de este suceso seguimos juntos, así que tan malo no debo ser…
En el post que hice hace un tiempo sobre Cocteau Twins les contaba como la música gótica o dark de los años ’80 llegó a penetrar profundamente en la juventud argentina, bandas como The Cure, Bauhaus, Echo & The Bunnymen o Joy Divison marcaron a una generación con su sonido melancólico y oscuro.
Recuerdo la primera vez que escuche “Bela Lugosi is Dead” de los Bauhaus, era una cinta copiada que me paso mi amigo Fernando, allá por el año 1987. La canción era extremadamente tétrica, y para colmo de males esta versión era extendida, 9 minutos de calvario y opresión. Ideal para cualquier corazón adolescente con ganas de conflictuarse al pedo.

De todas las bandas que sonaban en aquella época mi favorita era (y sigue siendo) Echo & the Bunnymen, este grupo fue un nexo perfecto entre dos generaciones, ellos estaban influenciados por gente como Los Doors o la Velvet Underground, y a su vez sirvieron de influencia a bandas como Radiohead, Oasis, Blur o Coldplay. En lo personal creo que su importancia en la música inglesa es comparable a la de los Clash.

Pero la banda que mayor cantidad de fans cosecho por mis tierras fue The Cure, creo que durante la segunda mitad de los ’80 la mitad de la juventud Argentina escuchaba a Robert Smith y Compania. La otra mitad bailaba imitando a una gallina creyéndose Mick Jagger al ritmo de “Under my thumb” en la versión del mítico disco en vivo “Still Life”. debo reconocer que amo a los Rolling Stones pero esa versión me da ganas de vomitar.

Yo elegí rendirme inmediatamente a la tristeza de Los Cure, como la gran mayoría llegué a esta banda gracias al disco “The Head on the Door”, canciones como “In Between Days” o “Close o Me” son indelebles en la memoria de una generación. Mi favorita de este disco es la inmensa “A Night Like This”, insuperable.
Lo mejor del asunto fue cuando empecé a escuchar sus trabajos anteriores, discos como “The Top”, “Seventeen Seconds” o “Pornography”, eran obras impresionantes, todos diferentes entre si pero con la marca registrada de Mr. Smith. Canciones como “Play for Today”, “Shake Dog Shake” o la juvenil “10.15 Saturday Night” son de lo mejorcito que se hizo por aquellos años.
Su pico de popularidad mundial fue con Disco “Desintegration”, este trabajo es para mi el último de la banda, siguieron sacando discos, tocando en festivales y reciclándose mil veces, pero ya no era lo mismo, en lo personal siento que Robert Smith ya no podía mas con el personaje. Y lógicamente, yo tampoco.
Y ahora, unos cuantos años después, cuando estamos en casa viendo clips en VH1 y aparece alguna banda de las citadas en este post nos miramos a los ojos con mi mujer para vez cual de los dos es el primero en soltar la frase “por tu culpa me hice dark” y reír con mil recuerdos de juventud.

Recuerdo perfectamente la primera canción que grabé en mi vida, “Look Sharp” de Joe Jackson. Sonaba en la radio una tarde del año 1981, me gustó el ritmo -años después descubrí que eso era la new wave- Rápido, para no perderle apreté fuerte las teclas de play y rec de mi grabador monoaural, regalo de mi cumpleaños número 11. De esta manera comenzó mi viaje por el mundo de las compilaciones.
Sí tenemos en cuenta que dejé de usar cintas de audio allá por el año 2000 calculo que en casi 20 años debo haber grabado más de 1500 tapes.  Lógicamente las primeras grabaciones respondían al caos o a la voluntad de las emisoras radiales. Y – como todo niño que quiere formarse su propio gusto musical- tenía que estar pendiente cada vez que sonaba alguna de las canciones que me interesaban. Más de una vez atravesé corriendo el salón de la casa para lograr grabar algún hit de Kiss, Queen o Alan Parsons Project.
Luego, con la pubertad llegaron las alteraciones hormonales y con ellas los primeros bailes en casas de amigos, y creo que a estas alturas del relato ya saben quien era el encargado de la música. En estas situaciones  lo fundamental era  mantener el clima para conseguir el tan preciado “beso de alguna niña”. Tarea extremadamente difícil, compleja y sacrificada. En más de una ocasión tuve que soportar pinchar canciones espantosas de Sandra Mihanovich o Cesar “Banana” Pueyrredón que las detestaba, todo sea en favor de conseguir los labios amoroso de una chica; si el  beso llegaba, el calvario padecido valía sinceramente la pena.

La verdadera posibilidad de lograr los compilados perfectos llegó a mi vida cuando me regalaron un equipo Panasonic de doble cassettera, allá por el año 1987. A partir de ese momento todo un universo se abría frente a mis oídos. Más allá de poder copiarme material de mis amigos que yo no tenía, con mi nuevo equipo podía grabarme los compilados más maravillosos para mi walkman. De esta manera lograba que me acompañe la música ideal para cada momento. Días tristes o nublados The Cure, Echo and the Bunnymen y Bauhaus. Días felices o soleados New Order, Madness y Housemartins.
Así fue haciéndome del hábito de salir a la calle, al menos con n tres cintas. Sabemos que la ciclotimia es frecuente en los adolescentes y ante la posibilidad de enamorarme de la mujer de mi vida, que lleguen los extraterrestres o que me abandonara mi novia de ese momento no podía encontrarme expuesto a semejante situación sin el back up musical correspondiente. Pero el objetivo principal de las cintas compiladas es otro y todos los sabemos, llegar al lugar más profundo del corazón de las chicas.

Grabarle una cinta a una chica se plantea como una tarea complejísima. La elección de la canción incorrecta podía hundirnos en el terreno del desprecio total. Los mensajes entre líneas tenían que lograr el efecto subliminal deseado. Que básicamente se trataba de que caigan rendidas a nuestros pies -no por nuestra belleza- sino por nuestro maravilloso gusto musical. También las matemáticas y la física jugaban un papel fundamental en estos casos. Era primordial calcular las duraciones para lograr que queden pocos segundos y así completar los 30 minutos de un lado. El mayor esfuerzo que debía tomarse nuestra amada de turno era girar la cinta y poder seguir disfrutando de nuestro arte como compiladores. En estos casos se usaba un bolígrafo bic para los ajustes milimétricos de la posición de la cinta con el cabezal de grabación y de esta manera empalmar los finales. Esto era un verdadero arte de relojero suizo. La sola idea de que una canción se cortara nos hacía merecedores de la guillotina o el garrote vil.

El tiempo pasó inexorable,  la era digital de la mano del CD se cargó esta tarea artesanal, ni hablar del daño causado por el mp3 y el intercambio de música a través de la web. Se acabó el romanticismo.
Supongo que hoy si una chica te dice que le gusta una canción de Snow Patrol le bajas la discografía completa (incluidos piratas) y listo el pollo.

Pero en mi caso tuve una segunda oportunidad. Cuando me vine a vivir a Madrid la mejor manera que encontré de contarle a mis amigos más cercanos sobre mi nueva vida, fue grabando compilados en CD con la música que llegaba a mis oídos en esta etapa madrileña. Aquellos pocos elegidos que recibían mis discos sabían leer perfectamente mi estado de ánimo a través de la música seleccionada.
Cuando preparaba estos discos volvía a concentrarme como en aquellos años donde podía pasarme de 3 horas a 3 días persiguiendo el sueño inocente e intrascendente del compilado perfecto…

Gracias Pato (@edecanurbana) por corregir este post con tanto cariño 🙂

walkman.gif Cuando cumplí 16 años mi madre me regalo mi primer walkman, era un unicef negro enorme, tenia solo un botón para adelantar la cinta (jamas rebobinaras!!!), la tapa era manual y no se podía enganchar a la cintura,  tenía una correa odiosa para llevarlo colgando, era un vampiro con las pilas y sus auriculares eran una bazofia, pero yo lo amaba.
Me acompaño durante muchas noches de mi juventud, me recuerdo caminando por la avenida Alvarez Thomas en la madrugada, escuchando radio (una de las pocas virtudes del aparato) cassettes de Echo and the Bunnymen, The Cure o U2. Me lo robaron en Juramento y Arcos una madrugada de diciembre, fue una noche muy triste y silenciosa.
Este fue mi debut en el mundo de la música portátil. Mi padre me regaló un walkman Sony que tenía tanta potencia que en un viaje en autobús el chofer me gritó que bajara el volumen. Luego tuve un Aiwa con equalizador que fue todo un avance para la época.
El momento en que la música se volvió portátil para mi fue fundamental, puedo asegurar que hay un antes y un después en mi vida a partir de ese día, poder levantarme y salir al mundo con la canción correcta sonando de fondo era algo bastante cercano a la perfección.
Con los años 90 llegó el discman y con el la fidelidad sonora, el primero que tuve no tenía anti shock, esto significa que ante cualquier movimiento brusco saltaba la canción y arruinaba el momento musical, esto me obligó a desplazarme por la vida como caminando sobre papel de arroz. Luego pude comprar uno bueno y volví a comportarme como un humano y no como un profesor de Thai Chi.
Luego llego el minidisc y ahí comienza la portabilidad real, era muy pequeño, mantenía la fidelidad en el sonido y tenia un diseño muy cool, seguramente por eso me lo robaron en la Universidad donde trabajaba, la segunda noche mas silenciosa de mi vida.
Mi llegada a España estuvo acompañada del primer discman con mp3, podía poner 5 hs de música en un solo cd!!!, esto me ayudo a sobrellevar trabajos indeseables y momentos amargos. Armar cds llenos de melancolía y añoranza me ayudaron a seguir creyendo en mi proyecto y a resistir las embestidas de los primeros tiempos como inmigrante.
Y después de la tormenta viene la calma, un ipod shuffle se encargó de combinar mas de una vez las canciones como si los planetas se alinearan, luego un ipod nano ordenó el caos y multiplicó el espacio, playlist perfectos o discografías enteras sonando sin parar, algo cercano al paraíso.
Y ahora un ipod touch es el encargado de musicalizar mi vida, su tremenda capacidad, su diseño y mi adicción a los productos apple lo convierten en el aparato perfecto, en septiembre de este año se cumplen 22 años de música portátil en mi vida, y mas allá de los soportes o aparatos en los que se reproduzca, agradezco enormemente al sujeto que se le ocurrió que la música tenia que ser portátil para poder acompañarnos siempre.

P.D.: esta es una de esas canciones que paso por todos mis reproductores hasta el día de hoy, enjoy!!!

109173275_86328d034d.jpgAllá por el año 1986 en Argentina empezaron a generarse toda clase de tribus urbanas, después de la dictadura todo joven se sentía con ganas de ser libre y salir a la calle vestido como le saliera de los huevos. Empezaron a aparecer, Punks, Skins, una moda local llamada “Cubanos” que mezclaba el corte de pelo Mullet con los Rolling Stones circa 1981 de una manera muy bizarra, pero la tribu mas llamativa de todas eran los Dark.
Esta tribu prolifero por la popularidad de la banda The Cure en Argentina, Vengo un país que acostumbra fanatizarse con ciertos grupos a niveles extremos (Ramones y Megadeth son claros ejemplos) bandas que afuera tocaban en salas pequeñas allí llenaban estadios.
Yo sin llegar a ser un dark en el look me sentía identificado musicalmente con ese estilo, gracias a ellos llegue a bandas como Bauhaus, Joy Division o los enormes Echo & the Bunnymen. Y una banda en particular que fue mi cortina amorosa durante años, los maravillosos Cocteau Twins.
Recuerdo que tenía un amigo que se llamaba Jorge pero todos lo apodábamos Goma, en el grupo lo despreciaban bastante ya que el personaje era un poco ruin, para mi no era mala gente y coincidíamos mucho en los gustos musicales.
Un día este muchacho me trae una cinta maltrecha que ya había soportado unas mil grabaciones, cuando me la entrega me dice “es como si cantara un ángel”. La lleve a casa y cuando la puse confirme lo que me decía, lo que sonaba no era de este mundo bajo ningún aspecto. la voz, la instrumentación, lo etéreo de su sonido, era algo absolutamente único y genial.
El disco en cuestión era “Treasure” y como su nombre indica era un tesoro real y concreto. Mas allá de lo maravilloso que era este trabajo como obra artística el efecto que causaba su escucha en las féminas era maravilloso, era mejor que cualquier afrodisíaco. Demás esta decir que este disco fue música de fondo de muchos de mis momentos amatorios.
La carrera de esta banda continuo con discos muy buenos (“Victorialand” es uno de ellos) y hasta conocieron La fama en los primeros 90, pero nunca llegaron a repetir la maravilla que lograron con aquel disco.

Y los recuerdos que aparecen en mi mente mientras lo escucho son dulces, amables y ajenos al odio, algo bastante parecido al amor.