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Tag Archives: Sur

Este post me cuesta más de lo que pensaba, no es fácil escribir sobre el género musical argentino por excelencia. Sobretodo cuando uno es consciente que sabe (como mucho) el uno por ciento de todo el secreto y la magia que esconde este arte. Pero no me puedo quedar con las ganas, hay algo dentro que me pide que ponga en letra la melancolía del tango hecho canción en mi vida, así que allá vamos.

De niño detestaba el tango. No podía soportar la tristeza de su sonido. Para mi los violines lloraban, los bandoneones te cortaban y cada golpe de tecla en el piano eran agujas en el corazón. En mi casa natal los miercoles era casi obligatorio ver el programa de TV “Grandes valores del tango” y esa hora y media era un calvario para mi. Viejunos con peluquín diciendo que todo tiempo pasado era mejor no me gustaba nada. Esta claro que un cachorro de humano que tiene toda una vida por vivir no entendía de que se trataba la pena y la melancolía. Luego el tiempo le dio la razón a los maestros que hablaban en la TV en pedo pero no al pedo.

Luego fui creciendo y fue necesario el primer desengaño amoroso para empezar a entender como funcionaba el asunto. Mientras mi corazón se rompía se estrenaba la película de Pino Solanas “Sur”. Su banda sonora contiene muchos de los mejores tangos de la historia del género, inmediatamente se convirtieron en mi soundtrack de la congoja, interpretados por el que fue, es y será mi cantante favorito de tango, el maestro Roberto “Polaco” Goyeneche.

A partir de ese momento me enganche perdidamente al tango. Personalmente disfruto morbosamente de la melancolía, pero el tango va más allá, el tango es dolor. Es el alma estrujándose en el pecho, es angustia por el amor de la minusa que se piantó y no volverá. Y te querés matar pero el sonido te mantiene vivo, te ayuda a expulsar hasta la última lágrima del cuerpo, para volver a empezar.

Y mientras el tiempo pasaba inexorable yo descubría a los maestros. Anibal troilo, Horacio Salgan, Osvaldo Pugliese, Néstor Marconi, Julio Sosa, Edmundo Rivero… Todos ellos con sus historias enormes, sus particularidades a la hora de interpretar y su arte, tan inmenso como sus vidas.

Y ni hablar de los poetas. Las letras de tango son verdaderas maravillas de la lengua hispana. Tristeza, sarcasmo, risa, dolor, pena, nostalgia, amor y odio. Horacio Ferrer, Enrique Santos Disépolo, Cátulo Castillo, Homero Expósito, Enrique Cadícamo, Homero Manzi y tantos otros que con la gracia de su pluma escribieron la historia del arte más rioplatense del mundo.

Y si por alguna extraña razón tuviera que someterme a la crueldad de elegir mis tres tangos favoritos serían los siguientes:

El Día Que Me Quieras – Carlos Gardel

No hay canción de amor en el mundo que le llegue a los talones a esta. Es una poesía perfecta, la voz de Gardel acentúa cada palabra a la perfección, y frases del tipo “Como ríe la vida si tus ojos negros me quieren mirar” confirman mis palabras.

Adiós Nonino – Astor Piazzolla

No tiene letra, no la necesita. El homenaje que el gran Astor le rindió a su padre cuando murió.  Es la canción que más lágrimas me arrancó en la vida, escucharlo es ver Buenos Aires en blanco y negro, la calle Corrientes de noche, el obelisco y la memoria de un tiempo que solo habita en mi recuerdo.

Vuelvo al Sur – Roberto Goyeneche

Aquí se juntan demasiadas cosas. Goyeneche canta, Piazzolla toca el bandoneón y la letra es de Pino Solanas, uno de mis directores de cine favoritos. Este fue el primer tango que me contó realmente de donde soy y porque soy así. Es exilio, es amor, es melancolía. “Siento al sur como tu cuerpo en la intimidad” creo que esa frase lo explica todo.

Y este post se lo quiero dedicar a una de las personas mas importantes de mi vida y que mas sabe de tango, mi padrastro Enrique, gracias por cada una de tus palabras y por todo lo que aprendí de tus silencios.

Aquí un playlist variopinto con algunos de mis tangos favoritos, enjoy!!!

Hay mucha gente en el mundo que logra mas reconocimiento por su obra fuera de su tierra que dentro de ella, casi siempre este hecho esta vinculado a que el artista en cuestión tiene tanto peso propio que no necesita de chauvinismos ni banderas para valerse en el mundo, solo con su arte le alcanza. Creo que dos de los mejores ejemplos de artistas con estas características que ofreció la Argentina son Jorge Luis Borges y Astor Piazzolla, y como este es básicamente un blog de música el maestro del bandoneón es nuestro tema en cuestión.

Personalmente llegue a Piazzolla por la banda de sonido de la película “Sur” de Pino Solanas, recuerdo que cuando se estreno el film mi corazón estaba mal de amores y el sonido del bandoneón lograba amplificar la angustia del amor hasta limites inimaginables. A partir de ese momento el maestro entro en mi vida. Lamentablemente un par de años después cayo enfermo y nunca tuve la oportunidad de verlo en vivo, pero dejo una obra tan genial e inmensa que me acompañara el resto de mi vida.

Ahora en Argentina se puede encontrar gran parte de su discografía en ediciones muy completas y con mucha información, pero esto se debe al efecto “for export” del tango y al aluvión de turistas post crisis que valoran lo que puertas adentro se bastardeo durante mucho tiempo, hace unos años no se encontraban mas que compilados mal armados en ediciones miserables y espantosas. Recuerdo que un melómano tan enfermo como yo me dijo, “si quieres buen material de Piazzolla lo vas a encontrar en Bélgica o Dinamarca, para ellos es Dios”.

En Argentina a Piazzolla no lo querían, los puristas del tango no aceptaban su renovación del género, lo mismo le paso al flamenco con Camarón y al jazz con Miles Davis, los genios renovadores nunca son reconocidos en su momento. La torpeza auditiva de sus contemporáneos es infinita.

Una vez que se ingresa al mundo Piazzolla es muy difícil poder salir de allí, su música no permite escapatoria alguna. Te abraza pero también te enerva, te excita y te alegra, todo esto al mismo tiempo, solo la música clásica o el jazz de genios como Monk, Davis o Coltrane lograron esto con mis emociones.

Para mi Buenos Aires suena a Piazzolla, solo con escucharlo puedo ver la calle Corrientes en blanco y negro, el obelisco y todo su universo, me remite a la fauna y flora de una ciudad nocturna y marginal, la que mas extraño porque ya no existe mas que en mis recuerdos.

El 2008 tuve la suerte de comenzarlo en Paris, por esos días mis emociones estaban un poco complicadas y mientras recorría la ciudad encontré en una tienda de discos un tesoro maravilloso, un box de 10 discos del maestro a 10 euros (a un euro por cada gema), fue el mejor regalo que la segunda ciudad del tango me podía hacer para comenzar este año que pintaba negro desde su génesis.

Recuerdo llegar al apartamento donde estábamos parando con mi mujer y poner una de las tantas versiones de Adios Nonino que traía esta cajita mágica, y que no pasaron dos minutos sin que empezáramos a llorar como niños con el corazón destrozado, con toda la angustia y la fuerza que dan el dolor y la nostalgia. Mas allá que derramábamos lagrimas personales lo que sentíamos era la música dentro de nuestro corazón, y toda esa emoción que no se puede contener, que si no sale para afuera te podes morir. Eso es Piazzolla, el músico mas increíble que pudo parir este mundo, y que por suerte para mi, nació en Mar del Plata.