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Tag Archives: Miles Davis

Si hay algo que disfruto en la vida es regalar música, siempre estoy pasando discos a mis amigos, tengo la necesidad compulsiva de compartir el arte ajeno, me llena de regocijo cuando alguno de los agasajados me comenta lo mucho que disfrutó del material recibido, en algunos casos llegue a convertirlos en adictos que piden mas y en dosis mas altas.
Otra buena costumbre que practico es regalar música para los cumpleaños, tengo dos caballitos de batalla que no fallan nunca, uno es “Blue Valentine” de Tom Waits y el otro es “A Kind of Blue” de Miles Davis.
El de primero lo uso casi siempre para presentar a Waits a un neófito, disfruto horrores cuando encuentro en mi vida a una persona merecedora de Tom Waits y que no lo conoce, cada vez me quedan menos, pero cuando aparecen los ataco inmediatamente con este disco y de esta manera me garantizo su esclavitud al maestro de por vida. No elijo este disco porque sea mi favorito sino porque creo que pertenece a uno de los mejores momentos de la primera etapa de su obra y es el anzuelo perfecto para convertir al oyente en un futuro fan del viejo Tom, y pocos corazones sensibles se pueden resistir a canciones como la que da nombre al disco o la maravillosa “Chrismas card from a Hooker in Minneapolis”.
Y la segunda opción la uso cuando se que a una determinada persona le llego el momento de introducirse en el increíble y complejo mundo del jazz, en este caso hago entrega de mi disco favorito de Miles. Este es un disco increíble, rompedor en su obra en particular y en el mundo del jazz en general, la banda que acompaña al negrito de la trompeta es el dream team del jazz (el saxo lo toca un tal John Coltrane, otro sordo) es un disco muy agradable de escuchar y esto lo que convierte en un canto de sirenas para atraer oídos vírgenes al territorio del jazz.
Si no conocen ninguno de estos discos los invito a conseguirlos, si son de vuestro agrado no duden en regalarlos, que cuando la música se comparte se disfruta mucho mas.

Hay mucha gente en el mundo que logra mas reconocimiento por su obra fuera de su tierra que dentro de ella, casi siempre este hecho esta vinculado a que el artista en cuestión tiene tanto peso propio que no necesita de chauvinismos ni banderas para valerse en el mundo, solo con su arte le alcanza. Creo que dos de los mejores ejemplos de artistas con estas características que ofreció la Argentina son Jorge Luis Borges y Astor Piazzolla, y como este es básicamente un blog de música el maestro del bandoneón es nuestro tema en cuestión.

Personalmente llegue a Piazzolla por la banda de sonido de la película “Sur” de Pino Solanas, recuerdo que cuando se estreno el film mi corazón estaba mal de amores y el sonido del bandoneón lograba amplificar la angustia del amor hasta limites inimaginables. A partir de ese momento el maestro entro en mi vida. Lamentablemente un par de años después cayo enfermo y nunca tuve la oportunidad de verlo en vivo, pero dejo una obra tan genial e inmensa que me acompañara el resto de mi vida.

Ahora en Argentina se puede encontrar gran parte de su discografía en ediciones muy completas y con mucha información, pero esto se debe al efecto “for export” del tango y al aluvión de turistas post crisis que valoran lo que puertas adentro se bastardeo durante mucho tiempo, hace unos años no se encontraban mas que compilados mal armados en ediciones miserables y espantosas. Recuerdo que un melómano tan enfermo como yo me dijo, “si quieres buen material de Piazzolla lo vas a encontrar en Bélgica o Dinamarca, para ellos es Dios”.

En Argentina a Piazzolla no lo querían, los puristas del tango no aceptaban su renovación del género, lo mismo le paso al flamenco con Camarón y al jazz con Miles Davis, los genios renovadores nunca son reconocidos en su momento. La torpeza auditiva de sus contemporáneos es infinita.

Una vez que se ingresa al mundo Piazzolla es muy difícil poder salir de allí, su música no permite escapatoria alguna. Te abraza pero también te enerva, te excita y te alegra, todo esto al mismo tiempo, solo la música clásica o el jazz de genios como Monk, Davis o Coltrane lograron esto con mis emociones.

Para mi Buenos Aires suena a Piazzolla, solo con escucharlo puedo ver la calle Corrientes en blanco y negro, el obelisco y todo su universo, me remite a la fauna y flora de una ciudad nocturna y marginal, la que mas extraño porque ya no existe mas que en mis recuerdos.

El 2008 tuve la suerte de comenzarlo en Paris, por esos días mis emociones estaban un poco complicadas y mientras recorría la ciudad encontré en una tienda de discos un tesoro maravilloso, un box de 10 discos del maestro a 10 euros (a un euro por cada gema), fue el mejor regalo que la segunda ciudad del tango me podía hacer para comenzar este año que pintaba negro desde su génesis.

Recuerdo llegar al apartamento donde estábamos parando con mi mujer y poner una de las tantas versiones de Adios Nonino que traía esta cajita mágica, y que no pasaron dos minutos sin que empezáramos a llorar como niños con el corazón destrozado, con toda la angustia y la fuerza que dan el dolor y la nostalgia. Mas allá que derramábamos lagrimas personales lo que sentíamos era la música dentro de nuestro corazón, y toda esa emoción que no se puede contener, que si no sale para afuera te podes morir. Eso es Piazzolla, el músico mas increíble que pudo parir este mundo, y que por suerte para mi, nació en Mar del Plata.