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Tag Archives: leon Gieco

Hace unos días mi amigo dominicano Jaime (@tatalab para los twitteros que leen esto) me contaba sobre los primeros artistas argentinos de rock que escuchó, y me sorprendió mucho descubrir que eran artistas del rock de los ’70. Eso me recordó el prolífico y potentísimo rock de mi país por aquellos años.

(Re)escuchando la obra de varios artistas de ese período (re)descubrí con alegría el enorme nivel musical que existía en el panorama del rock en mi tierra. No creo que en ningún otro país de habla hispana podamos encontrar un sonido tan interesante y particular como el que se generaba en la Argentina de aquel entonces, arreglos súper complejos acompañados de letras plagadas de mística, denuncia y simbolismo que al día de hoy me siguen volando la peluca.

Bandas como Pescado Rabioso, Aquelarre, Almendra, Invisible, Sui Generis, Color Humano y  solistas como Raul Porchetto, León Gieco, Billy Bond, Moris, Pappo y muchos más crearon un universo sonoro maravilloso en años muy duros y complicados donde la realidad política no le dejaba demasiado espacio para la fantasía al ciudadano de a pie. Estos son solo algunos ejemplos del enorme talento musical de la época.

Los dejo con un playlist que es solo una pequeña muestra. Les recomiendo que, si les apetece, se tomen el trabajo de recorrer la obra de estos artistas, no creo que terminen defraudados.

Mercedes Sosa

Si tengo que elegir una voz que interprete la música Argentina para que el mundo entero la escuche, esa es la voz de Mercedes Sosa.

Su canto es incuestionable, se puede estar de acuerdo o no con su ideología política o con sus declaraciones, pero cuando su voz suena la emoción es absolutamente inevitable, la escuche quien la escuche.

Su versión de “La Cigarra” de María Elena Walsh era un bálsamo en los años duros de la Argentina y cuando la democracia dijo presente su voz canto el “Solo le pido a Dios” de León Gieco al mundo entero, con solo escucharla cantar la lágrima de la emoción surge involuntariamente, doy fe de ello.

Y este post surge a partir de escuchar su último trabajo, dos discos de duetos (Cantora 1 y 2) un trabajo absolutamente maravilloso, la companía es de lo mas variopinta, desde mis amados Charly Garcia y Luis Alberto Spinetta a mi detestada Shakira, pero todos acompañando el arte de la gran Mercedes.

Personalmente opino que los mejores momentos son las versiones de “Barro tal vez”, “Desarma y Sangra”, “Deja la Vida volar” y la increíble versión de “Zona de Promesas” con Gustavo Cerati.  Este duo hace 20 años era absolutamente inimaginable.

Los que tienen Spotify lo pueden escuchar allí, y los que no les recomiendo que se hagan de este material porque es un trabajo enorme, genial y lleno de amor. Una vez mas, gracias Mercedes por tanto arte.

Lavapiés 2005

Creo que la nostalgia es un sentimiento tan inevitable como el amor, el odio o la tristeza, no hay forma de controlarla y casi siempre que aparece tiene la batalla ganada. Es una tonta ilusión tratar de escapar de ella, no se puede simplemente cruzar la calle y evitar el encuentro, lo mejor es poner el pecho y recibir los golpes de la manera mas decente.
Demás está decir que cuando uno se muda de país su presencia es una constante. Los primeros tiempos suelen ser los peores, después las necesidades básicas, el dolor o simplemente el tiempo se encargan de moldear la coraza que rodea al corazón que, para ser sinceros, solo sirve para aguantar los golpes de mejor manera, no para evitarlos.
Y si uno es una víctima de la música como quien suscribe, la cosa se pone totalmente chunga. Recuerdo mis primeros y solitarios paseos por Madrid escuchando canciones de Charly Garcia, Divididos o Andrés Calamaro y amplificando la nostalgia natural de sus letras hasta las lágrimas.
Recuerdo dos momentos en particular. El primero es volver en autobús de un hospital en las afueras de Madrid escuchando el disco de la Bersuit VergarabatLa Argentinidad al palo”. El disco me resultaba bastante flojo y se empezaba a notar que la banda ya no podía sostenerse mucho tiempo mas en el lugar de “somos los chauvinistas que protestamos contra todos los males de este mundo” pero llegó la última canción del disco dos y se cayó todo el bonito discurso que tenía armado. La letra de “el viento trae una copla” se plantaba delante de mi cara (y los oídos) para decirme de donde venía, y relatarme toscamente la realidad de muchos compatriotas que llegaron a estas tierras convencidos de algo que no existía. Sin querer justificarme creo que la emoción principal radica en el crescendo de la canción y esos coros tipo murga uruguaya. Sea lo que sea las lágrimas brotaban de mis ojos sin control.
La siguiente vez fue después del primer viaje a Buenos Aires de mi mujer. Ella viajó sola porque yo estaba muy reacio a volver, me ganaba el dolor y no podía asumir la idea de viajar a Argentina, ni siquiera de visita.
Lógicamente vino cargada de alfajores, delicias gastronómicas varias y lo mas importante para mi, música. En ese momento se había publicado un disco el vivo de León Gieco titulado “El Vivo de León”, recuerdo que mi mujer se incorporaba al trabajo ese mismo día, la acompañe a tomar el autobús y puse en mi discman el cd en cuestión, la primera canción se titula “cinco siglos igual” y la canta a capella con el público. Escuchaba la letra (básicamente habla del brutal derramamiento de sangre en la conquista de América, que actualmente continúa inexorable.) y no había forma de parar mis lágrimas y mi emoción. Ese día empecé a plantearme la posibilidad de volver a visitar a mi gente en Argentina.
Pero como todo cambia (sobretodo la gente) y el tiempo es tirano, la cosa se empezó a transmutar un poco, el proceso no fue sutil, pero si muy lógico.
Cuando se estreno la película de AlmodóvarVolver”, una de las formas de promocionarla era un videoclip de Penélope Cruz cantando el tango volver (no se emocionen demasiado, la que ponía la voz era Estrella Morente) y cada vez que la canción sonaba en la televisión mi mujer comenzaba a llorar inmediatamente. Digamos que la letra lógicamente conmueve, el asunto es que esta vez la música tenia un punto flamenco importante, ahí empecé a notar que algo estaba pasando.
Por otra parte, mas allá de la crisis económica y artística que personalmente creo sufre mi país de origen, año tras año eran menos los discos que encargaba allí y mas los que compraba aquí. Debo reconocer que después de casi 6 años la diferencia es abismal, cada dos discos argentinos, no menos de diez españoles.
Y ahora me encuentro sintiendo como propios a artistas como Nacho Vegas, Iván Ferreiro, Enrique Bunbury o Lichis de la Cabra Mecánica. Tengo sus discografías completas y no me apetece vivir sin ellas, la necesaria pertenencia a mi nuevo hogar hizo que estos artistas en cuestión se vuelvan imprescindibles en mi nueva realidad.
Por eso en mi último viaje a Buenos Aires, cuando paseaba por mi querido Palermo, y no confundir con el actual palermogólico, soy de Palermo Viejo de toda la vida (la foto del link es de la calle donde yo nací) estaba escuchando “El extranjero” de Enrique Bunbury en mi ipod y tenía la sensación de estar lejos de casa. Y mas allá de sentirme muy a gusto con los míos había algo que me faltaba, ahí me di cuenta que empezaba a sentir nostalgia por mi nuevo hogar, y que por culpa de ese sentimiento detrás de la próxima esquina estaba plantada la nostalgia, un poco mas joven, preparada para atacarme otra vez.

pescado.jpgPocas cosas afectan la cabeza como los sucesos vividos en la infancia, mas allá de que esta frase sea carne de la psicología creo que guarda mucho de razón ya que al día de hoy convivo con traumas y alegrías conseguidas por aquellos años de mi vida.
Recuerdo que cuando estaba por cumplir mis 11 años abandonaba mi período “kissero” (fan de Kiss) y comenzaba el período Rock nacional (manera Chauvinista de llamar a la música rock/pop en Argentina), por esos años estaban publicando discos maravillosos como “Pensar en nada” de León Gieco, “Peperina” de Seru Giran o “Kamikaze” de Luis Alberto Spinetta.
En el día de mi cumpleaños había fiesta en casa y unos amigos de mi familia llamaron a mi madre para preguntarles que quería de regalo, mi madre sabiendo el momento histórico por el que estaba pasando su hijo les dice muy suelta de cuerpo “algo de rock nacional”. Cuando llegaron a casa me entregaron el disco “Artaud” de Pescado Rabioso. Creo que Eugenio (el amigo de la familia en cuestión) al día de hoy no es consciente de lo que ocasiono en mi vida con dicho presente.
Empezemos por el título, el poeta maldito del siglo XX por excelencia!!!, yo ni sabía aún que el cantante de Pescado Rabioso había sido Spinetta y que tenía entre mis manos uno de los mejores discos de la música rock en Argentina.
Cuando escuché la primera canción “Todas las Hojas son del Viento” empecé a sentirme incomodo. Me gustaba pero no entendía porque, al llegar al segundo track, “Cementerio club” me di cuenta de que estaría condenado de por vida a escuchar ese disco, como lo estoy haciendo mientras escribo esto.
Deje de ser niño, ya no podía pensar mas en jugar después de escuchar los llantos de “A Starosta el idiota”, mis amiguitos no podían soportar una sola escucha del disco, buscaban excusas para volver a la calle, a ser niños normales y no enfermitos que disfrutaban de frases como “si te ofrezco ser carne de tu cuerpo”.
No se si Eugenio fue el causante de un trauma o no, solo se que voy a estar eternamente agradecido por poner ese disco en mis manos tan joven y así tener mas tiempo para escucharlo durante toda mi vida.

“Sé muy bien que has oido hablar de mí
y hoy nos vemos aquí
pero la paz
en mí nunca la encontrarás”

“La Sed Verdadera” Luis Alberto Spinetta