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2085666.jpg Hace unos años cuando vivía en Buenos Aires tenía una pequeña productora de video con dos amigos, Gabriel y Pablo. Mas allá de los muchos buenos y pocos malos momentos que recuerdo de aquella época había algo especial en el asunto, disfrutábamos como enanos con lo que hacíamos, y lógicamente la música estaba de fondo todo el tiempo, no podía ser de otra manera.
Una tarde, escuchando la rock & pop estaba Gustavo Cordera (cantante de la Bersuit Vergarabat) contando la música que escuchaba en ese momento, y empezó a hablar de un músico uruguayo que le parecía buenísimo y recién había sacado un disco, el CD en cuestión era Frontera y el artista era Jorge Drexler.
Como corresponde en estos casos, al día siguiente fui a por el disco y me costo recorrer muchas disquerías de la ciudad hasta conseguirlo, no porque fuera muy popular como lo es ahora sino porque no lo conocía casi nadie.
Cuando lo escuchamos con los chicos quedamos enganchadísimos, no se cuantas vueltas dio ese CD en el reproductor del estudio, no podíamos dejar de escucharlo, la exacta mixtura entre lo folcklórico y la electrónica lo convertía en un producto genial.
El siguiente disco se llamó Sea y me lo trajo de España Gabriel (junto con el Salmón quíntuple de Andrés Calamaro que no se editaba en B.A.) cuando vino por primera vez a testear estas tierras con planes de radicación. Esta es otra joya de su discografía que asocio a mi migración, lloré mucho en Madrid escuchando estas canciones, y nunca olvidare cuando me reuní con mi mujer después de pasar los primeros meses sin ella, nos besamos bajo la lluvia mientras en mi discman sonaba la canción Sea.
Otro recuerdo tremendo que tengo es cuando salió el disco Eco, al día siguiente fueron los atentados de Atocha, recuerdo que dos días después estaba en el metro con el corazón destrozado llorando lagrimas incontrolables junto con montones de personas a las que le sucedía lo mismo, y lo único que me consolaba en el dolor era escuchar la canción polvo de estrellas.
Luego todos conocen la historia. La canción Al Otro Lado del Río de la película Diarios de motocicleta lo convierte el dueño de un oscar ( a pesar de la versión de Antonio Banderas en la gala) y llega la popularidad a grandes niveles. Tuve la suerte de verlo en vivo en un pequeño teatro de Alcalá de Henares en un concierto muy intimo, su comportamiento en escena es de una humildad impresionante, y al escucharlo logra transmitir la misma tranquilidad que Caetano Veloso. Todo un artista.
Y gracias a el conocí a artistas como Eduardo Mateo, volví a escuchar a Rada, Los Fatorusso (en todas sus versiones), Zitarrosa y el gran Jaime Roos, grandes artistas del otro lado del río.
Esta semana salió a  la venta un disco en vivo grabado en su ultima gira llamado Cara B (lo estoy comprando en iTunes mientras escribo esto) y mientras lo escucho recuerdo la intimidad de aquel concierto, y algo parecido a la paz se apropia de mi persona, tarea complicada si las hay.