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julio-de-la-rosa-11-02-13

Llevo casi 11 años viviendo en Madrid, el mismo tiempo que llevo escuchando a Julio de la Rosa. En el momento de mi llegada a España  nuestro artista en cuestión estaba disolviendo su grupo – El Hombre Burbuja- y comenzando su carrera Solista. El enganche fue inmediato, sus canciones tenian la dosis exacta de oscuridad, sarcasmo e ironía que yo necesitaba para sobrevivir en esta nueva ciudad.

Años después, exactamente en el 2006, una coincidencia marvillosa me permitió conocerlo y compartir unas cañas y parloteo musical. Publicaba su segundo disco solista y lo presentaba en la Fnac. En ese momento yo era el feliz poseedor de una de las primeras cámaras HDR pro que salian al mercado, el amigo @MusicaMaldita nos conectó y de ese material salieron dos videoclips muy guerrilleros que siguen dando vuelta por los youtubes.

Su obra creció sana y fuerte, cosechando criticas cada vez más generosas por sus trabajos y fans entregados concierto a concierto. Hace unos meses se publicó el enorme y maravilloso “Pequeños transtornos sin importancia” y el miércoles 10 de abril lo presentó en la Sala Sol de Madrid.

El concierto fue genial, yo no puedo decir otra cosa ya que soy muy fan de su obra, la banda es enorme, suena tan potente como en estudio y logra transmitir la inmensidad del disco en vivo sin quedarse cortos en ningún momento.

Pero lo que más disfrute fue ver el crecimiento del artista y de su público. Fue un placer ver a todo el mundo entregado a sus canciones, cada día más épicas y emocionantes. Y en estos tiempos tan carentes de emoción es sano, bueno y necesario que existan sujetos como Julio de la Rosa para poder seguir sintiendo que estamos vivos.

Les dejo los dos videos antes citados (la calidad es la máxima que dejaba subir Youtube en aquellos juveniles años) y su último video clip que es una puta maravilla (mi frase de cabecera)

led-zeppelin.jpg En la argentina de los 70 y finales de los ochenta se dio un fenómeno que no tengo idea si se repitió en otro lugar del mundo, el de los cines que pasaban películas de rock en trasnoche los fines de semana.
Recuerdo algunos especialmente, perdón si me equivoco en algún nombre, el Lorca pasaba la peli de “Woodstock”, en cine Arte “Adiós Sui Generis”, el Select Lavalle “The Wall“. Y mi favorito y tema central de este post, El Lara que pasaba La canción sigue siendo la misma de Led Zeppelin.
Recuerdo que la primera vez que la ví fue allá por el año 1982, estaba en primer año de secundaria y usaba un flequillo Liam Gallagher que ahora seria muy moderno pero en aquella época te daba un aire de gilipollas impresionante, fui con un par de compañeros de escuela en una de las pocas salidas nocturnas que se nos permitían a esa edad, básicamente porque continuaban los militares en el poder. Recuerdo que entramos con la peli ya empezada, todo el mundo gritaba como si estuvieran en el mismísimo concierto. Nos sentamos donde y como pudimos y ahí comenzó mi espectáculo particular.
Led Zepellin me gustaba mucho, me lo metieron mis primos por vena desde los 8 años (gracias Marcelo), verlos en pantalla grande era toda una experiencia para mi, la copia de la película estaba tremendamente rayada y maltratada de tantas repeticiones sábado tras sábado.
Los sujetos que estaban detrás mío se conocían hasta las partes donde la peli estaba rota!!!. Gritaban, se reían del paquete (bulto) de Robert Plant y hacían comentarios lascivos, inicialmente yo estaba asustado pensando que estaba rodeado de pandilleros peligrosos, años después descubrí que no eran mas que jóvenes tan tristes como yo que solo buscaban un lugar donde sentirse seguros y a gusto en una ciudad que por aquellos años no brindaba esa oportunidad.
Y, lógicamente, todo el mundo hizo silencio ante los primeros acordes de “Stairway to heaven”, en ese momento parecía que un cura estaba dando misa, y unos minutos después de empezada la canción llego hasta mi un olor dulzón y desconocido hasta ese momento, inmediatamente mire a uno de mis compañeros que exclamo con pánico “están fumando droga”, se levanto inmediatamente y se fue. Con mi otro amigo nos miramos y seguimos mirando la película en paz.
Hace poco encontré en la Fnac el DVD de dicha peli en oferta (5 euros, un chollo), lo compre y al llegar a casa lo puse inmediatamente, disfrute muchísimo viendo y recordando aquel momento, y por mas remasterizada que estuviera la copia, lo increíble de su sonido y lo grande de mi tele no llegue a sentir ni el 10 % de lo que sentí aquella noche. Pero eso si, cuando empezó a sonar “Starway to heaven” el mismo olor dulzor invadió mis pulmones y mi corazón.