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Tag Archives: Divididos

Según “El decálogo de Foster” la formación perfecta del rock es el trío. Este formato de grupo equilibra bastante los egos, no deja espacio para la tontería y tiene que funcionar como un reloj, básicamente estamos hablando de Divididos, La aplanadora del Rock.

Esta banda Argentina nace a partir de un suceso trágico, la muerte de Luca Prodan frontman de Sumo. En este grupo Ricardo Mollo destrozaba sus guitarras a un volumen demoledor y Diego Arnedo castigaba su bajo con una contundencia que parecía que en lugar de dedos tenía martillos. Cuando el dolor por la muerte del pelado todavía estaba fresco la banda edita su primer y confuso LP “40 Dibujos Ahí En El Piso”, Este es un disco que no me convenció en absoluto en su momento (Yo era muy fan de Sumo y me dolía saber que ya no existía mas) pero con los años pude entender que ya se empezaba a perfilar muy sutilmente el sonido que luego definiría al trió mas potente del rock argento.

La cosa cambia con su segundo disco, “Acariciando lo Áspero” muestra a la banda como una obra maestra de la relojería sonora. Canciones como “el 38”, “Sisters” o “Aladelta” confirman mis palabras, ni hablar de la versión de “Cielito lindo” que en vivo me convertía en un resorte humano. Sus conciertos eran (y son) un desparramo de adrenalina.

El baño total de popularidad llega con su tercer trabajo “La Era de la Boludez”. Un título tan contundente como el momento histórico que pasaba la Argentina en los ’90. Este disco es una maravilla absoluta, su combinación de rock con folklore lo convierte en un disco de aperturas mentales. Reconozco que empecé a entender los sonidos autóctonos de mi patria gracias a ellos, la versión de “El Arriero” de Atahualpa Yupanqui es absolutamente increíble, de lo mas profundo de la tierra pasan al funk mas frenético en “Salir a Comprar” para volver a una especie de calypso-bolero llamado “Dame un limón“. Este disco es la puerta de entrada perfecta para entender el fenómeno de esta banda.

Pero como son unos inconformistas y todo les chupa un huevo publican “Otroletravaladna”. Una obra compleja como su título (significa “anda a lavarte el orto” al revés) pero que contiene piezas maravillosas como “Agua en Buenos Aires”, “Volver, Ni a Palos” o “15-5”. Al año siguiente publican “Gol de Mujer”, un disco maravilloso, súper enérgico pero de colapso. En vivo tanto el público como la banda sufría desbordes emocionales y químicos extremos. Aún así en medio de la catarsis se rescatan canciones enormes como “Alma de Budín”, “Luca” o la tremenda versión de “Salgan al Sol” de Billy Bond y la Pesada del Rock, era el momento de parar los motores y ordenar el patio para no repetir la historia de Luca, y por suerte así fue.

Y con el cambio de siglo viene el cambio de mentalidad. Un desamor, desintoxicaciones, dietas y la energía dirigida nuevamente a lo mas importante, la música. Se publica “Narigón del Siglo”, un disco impecable, “Vida de Topo”, “Par Mil” o “Spaghetti Del Rock” confirman mis palabras, no perdieron nada de la intensidad de costumbre y como ventaja aprendieron a escuchar sus silencios que son maravillosos. La evolución continúa en su siguiente trabajo de estudio “Vengo del Placard de Otro”. Un trabajo donde el rock sigue presente pero se acentúa mucho mas la vena folclórica, recuerdo que este trabajo se publicó unos días antes que me viniera a vivir a España y la canción que cierra el disco, “Guanuqueando” fue uno de mis llantos de desarraigo.

Y tuvieron que pasar 8 años para que se publicara un nuevo disco de estudio del power trío mas grande de la Argentina. Y el milagro ocurrió hace tan solo unas semanas, “Amapola del 66” es la nueva maravilla de la aplanadora del rock, con pocas escuchas ya puedo distinguir futuros clásicos como “Perro Funk” “Jujuy” o “Muerto a Laburar”. Pasaron los años pero la potencia sigue ahí, intacta, y cuando Divididos suena, mi corazón late con mas fuerza.

Aquí un playlist de la banda en Spotify, enjoy.

El lunes mi amigo Roger me recibió en la oficina con una sonrisa maléfica. Acto seguido, puso en mis manos un artículo que publicó Diego Manrique en El País titulado “El decálogo de Foster”.

Después de leerlo entendí perfectamente esa sonrisa. El muy cretino sabía que me estaba entregando oro en polvo. El artículo plantea un decálogo del rock. Las sagradas tablas del bien y el mal en la música moderna. Lógicamente esto desató en mí el deseo compulsivo y ególatra de expresar mi opinión sobre esas palabras, y este es el resultado. Espero lo disfruten.

1. Nunca sigas a un artista que describe su trabajo como “oscuro”.

Totalmente de acuerdo. Aquellos artistas que expresaron sus más profundos y perturbados pensamientos en canciones no gritaban a los cuatro vientos su oscuridad, más bien se recluían en sótanos o se estrangulaban en baños.

2. La penúltima canción es la más floja.

Como dice Manrique esto aplica al concepto del LP. Si tuviera que agregar algo es que la era CD también ayudó a cargarse la idea de disco como concepto. Antes un LP promedio eran 10 canciones, los discos compactos subieron el número a 15, por esta razón muchas canciones pasaron a ser material de relleno puro y duro.

3. Los miembros de las grandes bandas se parecen entre sí.

No tan de acuerdo, que después de tanto tiempo juntos se pegan gestos o actitudes es un hecho, pero Roger Daltrey no se parece a Pete Townshend ni Bono a The Edge.

4. Ser una estrella de rock es un trabajo de 24 horas al día.

Absoluta, total y completamente de acuerdo. Si asumes el compromiso de ser un rockero mejor que no te vea en el supermercado o cortando el césped porque dejo de creer inmediatamente en ti.

5. El grupo con más tatuajes tiene las peores canciones.

Esta idea está cargada de mala leche. Hay casos en los que la relación “Tatuajes = que desastrosa es tu música” se cumple, pero los Red Hot Chili Peppers refutan este punto.

6. Nada interesante ocurre en un escenario tras los primeros 20 minutos.

Aquí no estoy de acuerdo, soy de los que piensa que el sonido real de una banda está ajustado a partir de la tercera canción y creo que grupos como The Doors o Led Zeppelin tenían muchos de sus mejores momentos después de la primera hora de concierto.

7. El guitarrista que cambia de instrumento cada tres canciones está presumiendo de su colección de guitarras.

Real. Es más, a veces tardan tanto en cambiar de instrumento que cortan el clima y el ritmo del concierto.

8. Todos los grandes artistas se esconden detrás de su manager.

El manager. Ese gran vapuleado, detestado y odiado de la historia del rock. Creo que hay bandas que jamás hubieran visto la luz del éxito si no fuera por ellos, es un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo.

9. En los grandes grupos no caben integrantes haciendo discos en solitario.

Suele suceder que después de un éxito en solitario las bandas se desarman, pero también sucede que sus ególatras discos suelen ser tan malos que vuelven a los brazos de sus compañeros como el hijo pródigo. Los trabajos en solitario de gente como Joe Perry, Mick Jagger o Bruce Dickinson son claros ejemplos que confirman mi teoría.

10. La banda de tres piezas es la expresión más pura del rock.

Para mí la formación ideal es el cuarteto y que el cantante sea un animal escénico (y una eventual segunda guitarra), pero es cierto que en el trío no hay espacio para otra cosa que no sea la música. Ejemplos como Cream,  The Police o mis amados Divididos confirman esta teoría.

Aquí están, estos son. Este post se lo dedico a Roger y al Rock and Roll. Qué sería de mí sin ellos…

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Mientras escribo esto estoy en el Ave rumbo a Sevilla a cubrir el festival ZEMOS98, en mi ipod suena “At the Chime of the City Clock” de Nick Drake y el paisaje se funde con la melodía de una manera perfecta.

Asociar la música a los viajes es inevitable para mi, cada viaje de mi vida tiene un soundtrack particular. Recuerdo que cuando estuve en Costa Rica en el año ’96 escuchaba todo el tiempo el disco “Chiapas”, un trabajo que produjo Javier Calamaro a beneficio de las tribus indigenas de esa región, participaban bandas y solistas de la talla de Andrés Calamaro, Divididos, Charly García o Los Tres, pero las imagenes de los hermosos paisajes de ese país las asocio a la cancion de Cafe Tacuba “Flores del Color de la Mentira” es escucharla y recordar esas playas, esos bosques y ese momento de mi vida.

Tambien viene a mi mente el recuerdo de estar viajando de Sao Pablo a Santos, es un recorrido de una hora atravesando los morros para llegar al mar, tenia 22 años , muchas cosas en que pensar y “Patience” de Guns’n’Roses sonando en mi walkman.

Y no puedo ni quiero olvidarme de un viaje en tren a Miramar y el “Indian Summer” de Dream Academy sonando de fondo, ese verano forma parte de los mejores recuerdos de mi vida.

La música ocupa un lugar tan importante en mi vida como viajar, como buen imigrante me tengo que sentir acompañado de cosas que pueda llevar conmigo todo el tiempo, y en este sentido, las canciones y mis recuerdos son mi bienes mas preciados. 

Lavapiés 2005

Creo que la nostalgia es un sentimiento tan inevitable como el amor, el odio o la tristeza, no hay forma de controlarla y casi siempre que aparece tiene la batalla ganada. Es una tonta ilusión tratar de escapar de ella, no se puede simplemente cruzar la calle y evitar el encuentro, lo mejor es poner el pecho y recibir los golpes de la manera mas decente.
Demás está decir que cuando uno se muda de país su presencia es una constante. Los primeros tiempos suelen ser los peores, después las necesidades básicas, el dolor o simplemente el tiempo se encargan de moldear la coraza que rodea al corazón que, para ser sinceros, solo sirve para aguantar los golpes de mejor manera, no para evitarlos.
Y si uno es una víctima de la música como quien suscribe, la cosa se pone totalmente chunga. Recuerdo mis primeros y solitarios paseos por Madrid escuchando canciones de Charly Garcia, Divididos o Andrés Calamaro y amplificando la nostalgia natural de sus letras hasta las lágrimas.
Recuerdo dos momentos en particular. El primero es volver en autobús de un hospital en las afueras de Madrid escuchando el disco de la Bersuit VergarabatLa Argentinidad al palo”. El disco me resultaba bastante flojo y se empezaba a notar que la banda ya no podía sostenerse mucho tiempo mas en el lugar de “somos los chauvinistas que protestamos contra todos los males de este mundo” pero llegó la última canción del disco dos y se cayó todo el bonito discurso que tenía armado. La letra de “el viento trae una copla” se plantaba delante de mi cara (y los oídos) para decirme de donde venía, y relatarme toscamente la realidad de muchos compatriotas que llegaron a estas tierras convencidos de algo que no existía. Sin querer justificarme creo que la emoción principal radica en el crescendo de la canción y esos coros tipo murga uruguaya. Sea lo que sea las lágrimas brotaban de mis ojos sin control.
La siguiente vez fue después del primer viaje a Buenos Aires de mi mujer. Ella viajó sola porque yo estaba muy reacio a volver, me ganaba el dolor y no podía asumir la idea de viajar a Argentina, ni siquiera de visita.
Lógicamente vino cargada de alfajores, delicias gastronómicas varias y lo mas importante para mi, música. En ese momento se había publicado un disco el vivo de León Gieco titulado “El Vivo de León”, recuerdo que mi mujer se incorporaba al trabajo ese mismo día, la acompañe a tomar el autobús y puse en mi discman el cd en cuestión, la primera canción se titula “cinco siglos igual” y la canta a capella con el público. Escuchaba la letra (básicamente habla del brutal derramamiento de sangre en la conquista de América, que actualmente continúa inexorable.) y no había forma de parar mis lágrimas y mi emoción. Ese día empecé a plantearme la posibilidad de volver a visitar a mi gente en Argentina.
Pero como todo cambia (sobretodo la gente) y el tiempo es tirano, la cosa se empezó a transmutar un poco, el proceso no fue sutil, pero si muy lógico.
Cuando se estreno la película de AlmodóvarVolver”, una de las formas de promocionarla era un videoclip de Penélope Cruz cantando el tango volver (no se emocionen demasiado, la que ponía la voz era Estrella Morente) y cada vez que la canción sonaba en la televisión mi mujer comenzaba a llorar inmediatamente. Digamos que la letra lógicamente conmueve, el asunto es que esta vez la música tenia un punto flamenco importante, ahí empecé a notar que algo estaba pasando.
Por otra parte, mas allá de la crisis económica y artística que personalmente creo sufre mi país de origen, año tras año eran menos los discos que encargaba allí y mas los que compraba aquí. Debo reconocer que después de casi 6 años la diferencia es abismal, cada dos discos argentinos, no menos de diez españoles.
Y ahora me encuentro sintiendo como propios a artistas como Nacho Vegas, Iván Ferreiro, Enrique Bunbury o Lichis de la Cabra Mecánica. Tengo sus discografías completas y no me apetece vivir sin ellas, la necesaria pertenencia a mi nuevo hogar hizo que estos artistas en cuestión se vuelvan imprescindibles en mi nueva realidad.
Por eso en mi último viaje a Buenos Aires, cuando paseaba por mi querido Palermo, y no confundir con el actual palermogólico, soy de Palermo Viejo de toda la vida (la foto del link es de la calle donde yo nací) estaba escuchando “El extranjero” de Enrique Bunbury en mi ipod y tenía la sensación de estar lejos de casa. Y mas allá de sentirme muy a gusto con los míos había algo que me faltaba, ahí me di cuenta que empezaba a sentir nostalgia por mi nuevo hogar, y que por culpa de ese sentimiento detrás de la próxima esquina estaba plantada la nostalgia, un poco mas joven, preparada para atacarme otra vez.