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Photo by Fotomaf

Cuando era pequeño me costaba relacionarme con la gente, disfrutaba mucho de jugar solo. Mis soldaditos, mis coches o mis figuras de Star Wars eran el lugar donde más seguro me sentía, con ellos era suficiente para completar la diversión de todas las tardes.
Tampoco era un idiota solitario absoluto. Tenía siempre un par de amigos con quien compartir juguetes y veredas de Palermo, pero nunca fui de equipos, clubes y esas cosas.
Luego en la adolescencia si empecé a conocer a más gente. El grupo de tarjeteros de Star Light, la gente del colegio y todo aquel que formara parte de la cultura de la avenida Cabildo en los años 80.
Con el tiempo fui madurando amistades que llegaron a formar parte esencial de mi vida, en mi último tiempo en Buenos Aires los fines de semana se organizaban “partuzas” en mi casa, un clásico era cantar “La marcha de la bronca” a las 6 de la mañana, a grito pelado para el placer y goce absoluto de mis vecinos, recién después de ese berreo la fiesta se consideraba clausurada.
Pero cuando vine a vivir a España todo cambio radicalmente. Aquí tenia a viejos amigos a los que visitaba periódicamente y disfrutaba (y lo sigo haciendo) mucho de su compañía, pero por tiempos, edades y responsabilidades no podíamos replicar aquellas fiestas donde las risas eran el epicentro, la nostalgia gritaba presente y la melancolía ganaba la batalla.
Para colmo de males los primeros cuatro años aquí mis trabajos eran muy solitarios, el día a día era casi unipersonal en aquel momento y eso empezó a dañar mi moral y mi corazón.
Hasta que llegó Mobuzz y todo cambio, mis días transcurrían trabajando con un equipo humano maravilloso donde encontré amigos que hoy día forman parte esencial de mi vida.
Durante dos años compartí con ellos vivencias de toda clase, días muy felices y otros muy dolorosos, grandes logros y enormes decepciones, no había un día en que no pasara algo que nos mantuviera activados y en alerta, esto que para muchos puede resultar neurótico para nosotros era el pan de cada día. Y lo peor del asunto es que disfrutábamos de que así fuera.
Y gracias a que mi trabajo estaba vinculado a la Web 2.0 empecé a conocer a otra gente a través de la red, poco a poco fui integrándome a través de las comunidades a un mundo desconocido para mi. Aquí la audiencia tenía voz, voto y un protagonismo relevante, y este era uno de los principales motivos para mantenerme estimulado trabajando mas y mejor.
Y hace poco más de un año, se me ocurrió comentar en twitter que tenía ganas de una fiesta un martes, inmediatamente me respondió @crédula (Laura Pintos) que en una semana se celebraba el twittmad, un evento que empezó como una reunión de cinco y a esas alturas ya estaba creciendo velozmente. Al principio creía que era una cueva de frikis, Si a esto le sumamos que yo llegué a este mundo por otra vía (no era ni informático, ni blogger) la cosa pintaba, al menos extraña, pero al llegar al lugar me encontré con gente encantadora que inmediatamente me abrió su corazón.
Desde el primer momento quede muy enganchado con la comunidad, no solo eran los twittmad, también estaban los Beers and Blogs, luego descubrí un evento anual llamado Campus Party, cualquier excusa era buena para verle las caras a gente que cada día era más entrañable y cercana.
Y una de las mejores partes de mi trabajo era hablar con ellos a diario. Vía twitter , chat o mail nos contábamos alegrías y penurias, gracias a muchos de ellos me decidí a empezar este blog, todos me apoyaron y lo siguen haciendo al día de hoy.
Y esa lealtad se convirtió en respeto, su fidelidad me sorprendía y alegraba a diario, su respuesta a mi trabajo era un elogio constante que me hacía sentir mejor persona y me daba fuerzas para entregar lo mejor de mi.
Pero un buen día nos llega la noticia de que Mobuzz no podía seguir en pie por falta de fondos, la tristeza invadió nuestros corazones y la solución que se planteaba era pedir ayuda a esa comunidad que día a día nos brindaba apoyo incondicional, personalmente sentía que era un abuso de confianza, no fue una decisión fácil para nadie, pero se decidió continuar.
Nunca olvidare la emoción que sentí al ver la tremenda respuesta de la comunidad, gente que llegó hasta las oficinas a traer dinero, hasta se ofrecían a trabajar gratis, todos donando para que el proyecto siguiera vivo, todos haciendo lo imposible para mantenernos ahí y poder disfrutar de nuestro trabajo, realmente nunca en mi vida había visto semejante demostración de amor.
Pero el asunto perdió el control y finalmente la solución nunca llegó, personalmente sentía que había decepcionado a la inmensa tribu que nos apoyaba diariamente. La sensación de que su esfuerzo se había menospreciado no me dejaba dormir, no podía soportar que  se acercara gente diciéndome “yo doné dinero”, y no poder hacer nada para revertir la situación me generaba un tremendo sentimiento de impotencia.
Entonces algunos de los protagonistas de aquel proyecto decidimos mantenernos vivos en la Web, con más voluntad que dinero comenzamos a gestar un proyecto en el que depositamos mucha ilusión y amor. Ese proyecto cobro vida y se llama LaComuna.TV
Y una vez más, la comunidad nos demostró la confianza que nos tiene. Fue solo anunciar que queríamos seguir vivos y todos nos brindaron su apoyo incondicional, esa energía es la que nos motiva a seguir ahí, entregando lo mejor de nosotros, porque se lo merecen. Porque más allá de apoyos o criticas nos están viendo y valorando, y eso nos ayuda a crecer, a ser mejores personas y a comprender todos los días el significado de la palabra respeto.

Gracias a todos, Para Uds. esta canción.