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Tag Archives: Blue Valentine

Si hay algo que disfruto en la vida es regalar música, siempre estoy pasando discos a mis amigos, tengo la necesidad compulsiva de compartir el arte ajeno, me llena de regocijo cuando alguno de los agasajados me comenta lo mucho que disfrutó del material recibido, en algunos casos llegue a convertirlos en adictos que piden mas y en dosis mas altas.
Otra buena costumbre que practico es regalar música para los cumpleaños, tengo dos caballitos de batalla que no fallan nunca, uno es “Blue Valentine” de Tom Waits y el otro es “A Kind of Blue” de Miles Davis.
El de primero lo uso casi siempre para presentar a Waits a un neófito, disfruto horrores cuando encuentro en mi vida a una persona merecedora de Tom Waits y que no lo conoce, cada vez me quedan menos, pero cuando aparecen los ataco inmediatamente con este disco y de esta manera me garantizo su esclavitud al maestro de por vida. No elijo este disco porque sea mi favorito sino porque creo que pertenece a uno de los mejores momentos de la primera etapa de su obra y es el anzuelo perfecto para convertir al oyente en un futuro fan del viejo Tom, y pocos corazones sensibles se pueden resistir a canciones como la que da nombre al disco o la maravillosa “Chrismas card from a Hooker in Minneapolis”.
Y la segunda opción la uso cuando se que a una determinada persona le llego el momento de introducirse en el increíble y complejo mundo del jazz, en este caso hago entrega de mi disco favorito de Miles. Este es un disco increíble, rompedor en su obra en particular y en el mundo del jazz en general, la banda que acompaña al negrito de la trompeta es el dream team del jazz (el saxo lo toca un tal John Coltrane, otro sordo) es un disco muy agradable de escuchar y esto lo que convierte en un canto de sirenas para atraer oídos vírgenes al territorio del jazz.
Si no conocen ninguno de estos discos los invito a conseguirlos, si son de vuestro agrado no duden en regalarlos, que cuando la música se comparte se disfruta mucho mas.

tom_waits_1978.jpgHace muchos años, allá por 1988, Argentina disfrutaba de una joven democracia en crisis y de uno de los mejores momentos de la emisora de radio Rock & Pop. Una emisora que me permitió descubrir mucha de la mejor música que escuche en mi vida, y entre los programas que tenia uno de mis favoritos se emitía los lunes por la noche, la mejor manera de terminar el peor día de la semana.
Se llamaba Scoop y lo conducía el periodista Sergio Marchi, y allí sonaba la música menos comercial y mas extraña del momento, entendamos que en la Argentina de aquella época casi todo era nuevo, los años de los militares hicieron que mucha música no llegara o fuera súper clandestina y al alcance de pocos. El punk, el ska y el reggae eran casi una novedad. Una noche estaba en mi pequeño cuarto y el invitado al programa era Andrés Calamaro. Ahora adorado por masas pero en aquella época pasaban un poquito de su arte. Andrés hacia sus discos con perfil bajo, producía a la mitad de las bandas nuevas de Argentina y escuchaba mucha música como buen melómano que es.
Esa noche presentaba a uno de sus artistas favoritos pinchando temas de sus discos, ese artista era Tom Waits.
Recuerdo con el enorme respeto que Calamaro hablaba sobre Waits, la admiración que sentía y la profunda descripción que hacia de su música, en el momento que sonó Downtown Train (del disco “Raindogs”) me estremecí al escuchar la voz de este personaje desconocido hasta ese momento para mi (El gran Tom empezó en los tempranos 70) y me quede completamente tarado.
La noche avanzo, yo vampirizaba cada palabra, anotaba cada título de disco o canción de la que hablaban mientras le daba al rec de mi panasonic doble casetera (tecnología de punta en aquel momento) para guardar fragmentos de la obra de este artista. El programa termino con “Tom Traubert’s Blues” y recuerdo que me quede helado frente al equipo escuchando la canción mas triste del mundo. La voz, los arreglos y hasta la duración (6.40) convertían esa pieza en la balada mas desoladora de mi historia personal.
Al día siguiente me mande grabar Raindogs y Heartattack and Vine a una disqueria amiga (era lo común para la época de la hiperinflación) y comencé el recorrido en la historia de uno de los artistas mas importantes de mi vida, y de la vida de muchos que conozco.
Hace unos años pude concretar junto con un gran amigo tan fan como yo el sueño de poder verlo en vivo, conseguir los tickets fue una aventura que me encantaría que el relate alguna vez.
La ciudad elegida fue Amsterdam, nuestra ubicación: fila 4. Waits traía de guitarrista al gran Marc Ribot (tremenda yapa!), recuerdo que antes de entrar nos temblaban las rodillas y cuando apareció en escena y lo vimos, enorme, como a punto de desarmarse dejando su garganta en los primeros acordes de “Hoist That Rag”y lo primero que vino a mi mente fue aquella noche del ’88 en mi pequeño cuarto.

“El diablo no existe, es solo dios cuando esta borracho” (Tom Waits dixit)