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Monthly Archives: abril 2010

El mercado de la melancolía es tan enorme que la música popular viene viviendo de este desde el momento en que el arte se convirtió en objeto de consumo doméstico. ¿Cuántas canciones sobre el desamor, el engaño, la frustración y el amor no correspondido se escribieron en la historia? Y lo que es peor, ¿Cuántas más seguirán narrando estas pequeñas y decorativas tragedias domésticas?

Yo tengo muy claro porque prefiero la música triste/bajón/melancólica. Porque me encanta.

La primera excusa sería decir que con lo limitado que es el rock y el pop muchas de las mejores canciones a nivel arreglos y sobretodo letras se encuentran del lado de la melancolía. La música feliz suele ser más resultona y sencilla, en cambio los climas que requiere una pequeña suite sobre el desamor suelen ser más complejos, eso ayuda a que las lágrimas que suelen estar flojas colgando de nuestros párpados broten con total soltura y naturalidad.

Otro de los motivos del éxito rotundo de estas sintonías suele ser la identificación. Esa íntima sensación que Joaquín Sabina o Jeff Tweedy nos conocen personalmente y están contando al detalle como fue nuestra truncada historia. Jamás en ese momento se nos ocurre pensar en la vulgaridad y obviedad de nuestras rutinas amorosas, ni en los ciclos lógicos que tenemos los humanos domesticados, eso es imposible. Esa letra es definitivamente para nuestro único y complejo caso de tragedia griega en la que estaremos sumergidos toda la vida… O al menos hasta el siguiente bar.

Que se entienda, con este post no estoy aleccionando, sino todo lo contrario. Soy el primero que siente estas cosas, soy un masoquista de lujo. A veces pienso que necesito del desamor para poder disfrutar más de este hermoso estilo musical. Y si por una de esas casualidades tengo la suerte de estar pasando por un buen momento afectivo las escucho con más ahínco, no sea cosa que el fracaso me encuentre desarmado.

Y como corresponde, aquí un playlist bien masoka, recomiendo escuchar en aleatorio, como suelen funcionar nuestros sentimientos…


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Este post me cuesta más de lo que pensaba, no es fácil escribir sobre el género musical argentino por excelencia. Sobretodo cuando uno es consciente que sabe (como mucho) el uno por ciento de todo el secreto y la magia que esconde este arte. Pero no me puedo quedar con las ganas, hay algo dentro que me pide que ponga en letra la melancolía del tango hecho canción en mi vida, así que allá vamos.

De niño detestaba el tango. No podía soportar la tristeza de su sonido. Para mi los violines lloraban, los bandoneones te cortaban y cada golpe de tecla en el piano eran agujas en el corazón. En mi casa natal los miercoles era casi obligatorio ver el programa de TV “Grandes valores del tango” y esa hora y media era un calvario para mi. Viejunos con peluquín diciendo que todo tiempo pasado era mejor no me gustaba nada. Esta claro que un cachorro de humano que tiene toda una vida por vivir no entendía de que se trataba la pena y la melancolía. Luego el tiempo le dio la razón a los maestros que hablaban en la TV en pedo pero no al pedo.

Luego fui creciendo y fue necesario el primer desengaño amoroso para empezar a entender como funcionaba el asunto. Mientras mi corazón se rompía se estrenaba la película de Pino Solanas “Sur”. Su banda sonora contiene muchos de los mejores tangos de la historia del género, inmediatamente se convirtieron en mi soundtrack de la congoja, interpretados por el que fue, es y será mi cantante favorito de tango, el maestro Roberto “Polaco” Goyeneche.

A partir de ese momento me enganche perdidamente al tango. Personalmente disfruto morbosamente de la melancolía, pero el tango va más allá, el tango es dolor. Es el alma estrujándose en el pecho, es angustia por el amor de la minusa que se piantó y no volverá. Y te querés matar pero el sonido te mantiene vivo, te ayuda a expulsar hasta la última lágrima del cuerpo, para volver a empezar.

Y mientras el tiempo pasaba inexorable yo descubría a los maestros. Anibal troilo, Horacio Salgan, Osvaldo Pugliese, Néstor Marconi, Julio Sosa, Edmundo Rivero… Todos ellos con sus historias enormes, sus particularidades a la hora de interpretar y su arte, tan inmenso como sus vidas.

Y ni hablar de los poetas. Las letras de tango son verdaderas maravillas de la lengua hispana. Tristeza, sarcasmo, risa, dolor, pena, nostalgia, amor y odio. Horacio Ferrer, Enrique Santos Disépolo, Cátulo Castillo, Homero Expósito, Enrique Cadícamo, Homero Manzi y tantos otros que con la gracia de su pluma escribieron la historia del arte más rioplatense del mundo.

Y si por alguna extraña razón tuviera que someterme a la crueldad de elegir mis tres tangos favoritos serían los siguientes:

El Día Que Me Quieras – Carlos Gardel

No hay canción de amor en el mundo que le llegue a los talones a esta. Es una poesía perfecta, la voz de Gardel acentúa cada palabra a la perfección, y frases del tipo “Como ríe la vida si tus ojos negros me quieren mirar” confirman mis palabras.

Adiós Nonino – Astor Piazzolla

No tiene letra, no la necesita. El homenaje que el gran Astor le rindió a su padre cuando murió.  Es la canción que más lágrimas me arrancó en la vida, escucharlo es ver Buenos Aires en blanco y negro, la calle Corrientes de noche, el obelisco y la memoria de un tiempo que solo habita en mi recuerdo.

Vuelvo al Sur – Roberto Goyeneche

Aquí se juntan demasiadas cosas. Goyeneche canta, Piazzolla toca el bandoneón y la letra es de Pino Solanas, uno de mis directores de cine favoritos. Este fue el primer tango que me contó realmente de donde soy y porque soy así. Es exilio, es amor, es melancolía. “Siento al sur como tu cuerpo en la intimidad” creo que esa frase lo explica todo.

Y este post se lo quiero dedicar a una de las personas mas importantes de mi vida y que mas sabe de tango, mi padrastro Enrique, gracias por cada una de tus palabras y por todo lo que aprendí de tus silencios.

Aquí un playlist variopinto con algunos de mis tangos favoritos, enjoy!!!

Según “El decálogo de Foster” la formación perfecta del rock es el trío. Este formato de grupo equilibra bastante los egos, no deja espacio para la tontería y tiene que funcionar como un reloj, básicamente estamos hablando de Divididos, La aplanadora del Rock.

Esta banda Argentina nace a partir de un suceso trágico, la muerte de Luca Prodan frontman de Sumo. En este grupo Ricardo Mollo destrozaba sus guitarras a un volumen demoledor y Diego Arnedo castigaba su bajo con una contundencia que parecía que en lugar de dedos tenía martillos. Cuando el dolor por la muerte del pelado todavía estaba fresco la banda edita su primer y confuso LP “40 Dibujos Ahí En El Piso”, Este es un disco que no me convenció en absoluto en su momento (Yo era muy fan de Sumo y me dolía saber que ya no existía mas) pero con los años pude entender que ya se empezaba a perfilar muy sutilmente el sonido que luego definiría al trió mas potente del rock argento.

La cosa cambia con su segundo disco, “Acariciando lo Áspero” muestra a la banda como una obra maestra de la relojería sonora. Canciones como “el 38”, “Sisters” o “Aladelta” confirman mis palabras, ni hablar de la versión de “Cielito lindo” que en vivo me convertía en un resorte humano. Sus conciertos eran (y son) un desparramo de adrenalina.

El baño total de popularidad llega con su tercer trabajo “La Era de la Boludez”. Un título tan contundente como el momento histórico que pasaba la Argentina en los ’90. Este disco es una maravilla absoluta, su combinación de rock con folklore lo convierte en un disco de aperturas mentales. Reconozco que empecé a entender los sonidos autóctonos de mi patria gracias a ellos, la versión de “El Arriero” de Atahualpa Yupanqui es absolutamente increíble, de lo mas profundo de la tierra pasan al funk mas frenético en “Salir a Comprar” para volver a una especie de calypso-bolero llamado “Dame un limón“. Este disco es la puerta de entrada perfecta para entender el fenómeno de esta banda.

Pero como son unos inconformistas y todo les chupa un huevo publican “Otroletravaladna”. Una obra compleja como su título (significa “anda a lavarte el orto” al revés) pero que contiene piezas maravillosas como “Agua en Buenos Aires”, “Volver, Ni a Palos” o “15-5”. Al año siguiente publican “Gol de Mujer”, un disco maravilloso, súper enérgico pero de colapso. En vivo tanto el público como la banda sufría desbordes emocionales y químicos extremos. Aún así en medio de la catarsis se rescatan canciones enormes como “Alma de Budín”, “Luca” o la tremenda versión de “Salgan al Sol” de Billy Bond y la Pesada del Rock, era el momento de parar los motores y ordenar el patio para no repetir la historia de Luca, y por suerte así fue.

Y con el cambio de siglo viene el cambio de mentalidad. Un desamor, desintoxicaciones, dietas y la energía dirigida nuevamente a lo mas importante, la música. Se publica “Narigón del Siglo”, un disco impecable, “Vida de Topo”, “Par Mil” o “Spaghetti Del Rock” confirman mis palabras, no perdieron nada de la intensidad de costumbre y como ventaja aprendieron a escuchar sus silencios que son maravillosos. La evolución continúa en su siguiente trabajo de estudio “Vengo del Placard de Otro”. Un trabajo donde el rock sigue presente pero se acentúa mucho mas la vena folclórica, recuerdo que este trabajo se publicó unos días antes que me viniera a vivir a España y la canción que cierra el disco, “Guanuqueando” fue uno de mis llantos de desarraigo.

Y tuvieron que pasar 8 años para que se publicara un nuevo disco de estudio del power trío mas grande de la Argentina. Y el milagro ocurrió hace tan solo unas semanas, “Amapola del 66” es la nueva maravilla de la aplanadora del rock, con pocas escuchas ya puedo distinguir futuros clásicos como “Perro Funk” “Jujuy” o “Muerto a Laburar”. Pasaron los años pero la potencia sigue ahí, intacta, y cuando Divididos suena, mi corazón late con mas fuerza.

Aquí un playlist de la banda en Spotify, enjoy.