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Y llegó el momento, es difícil pero no puedo dilatar esto mucho más. Ya toca hablar de Bob Dylan.

Esto es un marrón en toda forma, entendamos que me estoy metiendo con uno de los más grandes, más respetados y más odiados del mundillo rockpopero, y para colmo de males no soy un conocedor de su obra a rajatabla, pero después de tantos años de rock en mi vida empiezo a entender el hombre que hay detrás del mito.

El detonante de este post fue leer su autobiografía “Cronicas”. Un libro muy interesante que cuenta en primera persona la génesis del personaje. Una de las cosas más maravillosas que tiene el libro es leer como Bob fue recogiendo elementos de muchas influencias diferentes para construir una identidad propia, si a este libro le sumamos el documental de Scorsese “No Direction Home” podemos empezar a ver la punta del ovillo.

Yo llegué a Dylan por otros, como la mayor parte de mi generación. Durante años escuché muchas canciones de su repertorio interpretadas por personajes de todo tipo; de Nick Cave a Sonny and Cher, pasando por Guns and Roses, U2, Rolling Stones y demás bestias del ambiente, y siempre sentía que me gustaba más Dylan en la voz de otra gente. Pero llegó un momento que tuve que abrir mi corazón al gran Bob, y cuando eso sucede ya no hay vuelta atrás.

Tengo mis favoritas. “Hurricane”, “Simple Twist of Fate” o “Ballad of a Thin Man” son las que ocupan un lugar especial en mi vida, pero cuando uno empieza a internarse en el mundo Dylan pasa lo mismo que con Zappa, su producción es tan grande y variada que uno no puede quedarse con solo una parte, lo quiere todo y cuando más lo conoces más se mete en tu vida y no lo puedes quitar de tus oídos.

Cuenta la leyenda que el gran cambio de la historia de la música pop sucedió cuando Lennon y Dylan se conocieron, parece que la conversación entre ellos fue algo así:

– Dylan:

” A ver si te empiezas a preocupar por las letras…”

A lo que Lennon respondió:

” Y que tal si tu le metes guitarra eléctrica a tus canciones”,

Meses después de esta conversación vino el famoso grito de “Judas” para el eléctrico Bob y el lisérgico y maravilloso Sgt Pepper para John, el resto de la historia ya la conocemos todos.

Se que en estos tiempos tan neo posmodernos pedirle a los jóvenes que escuchen a un viejuno con voz nasal no es tarea fácil, pero lo recomiendo, si empiezan ahora van a poder disfrutar de la obra de este genio durante más tiempo en su vida.

Como última recomendación sugiero que se hagan con el disco “I’m Not there” es el soundtrack de una peli basada en la vida del gran Bob, allí encontrarán grandes canciones en la voz de lo mejorcito del patio indie en este momento, una buena forma de acercarse con cautela al universo Dylan.

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3 Comments

  1. He entrado por las mias y me encontre a Robert Zimmerman en tu blog. Si bien parece que todo es culpa de un tal Woody Guthrie, y un tal Dylan Thomas, Zimmerman puso la piedra para lo que aun hoy muchos buscan y pocos encuentran. Esa musica machacona que te mete una idea ritmica y otra lirica hasta calarte los huesos, y cuando te preguntas como es posible, te das cuenta que la respuesta, amigo, esta soplando en el viento.

  2. Dear SpanishZombie:
    Sin palabras, tu y Bob ya las dijeron todas.

  3. Para letras, no hay como la de la balsa.


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