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Monthly Archives: abril 2008

Casi siempre que tienen que relacionar Argentina con algún personaje famoso hacen referencia a Maradona, el Che o Evita. Pero para muchos que nacimos entre los últimos años de los ‘60 y los primeros ‘80 nos sentimos más identificados con otro personaje, el enorme Charly Garcia.
Charly estuvo presente en casi toda mi vida. Un par de años después de mi nacimiento edita su primer disco con Sui Generis, y su último material lo registró el año pasado (Kill Gil aún no fue editado oficialmente pero se consigue fácilmente en la red) el bigotudo bicolor me acompaña desde hace 35 años aproximadamente.
Personalmente creo que su mejor etapa es la que comprende de 1978 a 1991. No creo que exista en el mundo un artista tan fructífero y creativo, tanto a nivel letras como a nivel musical. Empezando con “La Grasa de las Capitales” y llegando hasta “Filosofía barata y Zapatos de Goma” el tipo se encargó de regalarnos muchas de las mejores canciones del rock en español.
Si Charly hubiera nacido en USA o UK probablemente hubiera sido una estrella a la altura de Lennon, O quizás se hubiera conformado con parecerse a Todd Rundgren, un tremendo talento a las sombras del gran público. Me inclino mas por la primera opción.
Sin querer parecer exagerado creo que tiene más de 50 canciones geniales, a nivel mundial me sobran los dedos de una mano para poder decir esto de otros artistas.
Su arte logro traspasar las barreras de la dictadura logrando que su mensaje llegue directamente a la gente. Si están leyendo esto y no nacieron en Argentina la mejor manera para conocer más sobre los años oscuros de mi país se pueden enterar escuchando toda la obra de Seru Giran y sus dos primeros discos solistas: “Yendo de la Cama al living” y “Clics modernos”.
En cierta medida Charly es como David Bowie, siempre se adelantó a su época, nadie lo pudo imitar jamás. Fito Páez lo intentó durante años pero solo logró ser un triste esbozo. Hay muchos García, pero Charly hay uno solo.
La parte triste de esta historia comienza a partir del año 1992, nuestro genio particular se desbordó y su personaje paso de loco lindo a peligroso. No tanto para los demás (excepto para algún que otro asistente personal, periodista o su propio hijo) sino con su persona. Publicó discos caóticos y desbordados, “Say no More” o “El aguante” son una prueba clara (aún así contienen algunas canciones geniales), personalmente creo que se hincho las pelotas de todo, que pego la vuelta y se dijo a si mismo “no juego más”.
A partir de 2002 tuvo un breve y bonito renacer en los discos “Influencia” y “Rock and Roll Yo”. Creo que son sus dos últimas gemas. Estos discos tienen bastante del Charly que me acompaño durante mi juventud.
Días antes de venir a vivir a España presentó el disco Influencia en el estadio Luna Park, como era de esperar mi situación emocional no era la mejor (para variar) y temía que arruinara el concierto (1 de cada 3 se lo carga con sus brotes) pero muy por el contrario comenzó el show en paz y con una de mis canciones favoritas “desarma y sangra”, fue un bálsamo para mis emociones mezcladas de aquel momento.
También tuve la suerte de poder verlo actuar en Madrid. Hacia 17 años que no tocaba aquí y dio un concierto maravilloso, ver a 3 generaciones disfrutando de sus clásicos fue altamente gratificante.
La intención de este humilde post no es otra que rendir homenaje a uno de los artistas más importantes de mi vida, y si alguno de los lectores de este blog no conoce a Mr. García los invito a sumergirse en su arte, estoy seguro que no se arrepentirán.

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Lavapiés 2005

Creo que la nostalgia es un sentimiento tan inevitable como el amor, el odio o la tristeza, no hay forma de controlarla y casi siempre que aparece tiene la batalla ganada. Es una tonta ilusión tratar de escapar de ella, no se puede simplemente cruzar la calle y evitar el encuentro, lo mejor es poner el pecho y recibir los golpes de la manera mas decente.
Demás está decir que cuando uno se muda de país su presencia es una constante. Los primeros tiempos suelen ser los peores, después las necesidades básicas, el dolor o simplemente el tiempo se encargan de moldear la coraza que rodea al corazón que, para ser sinceros, solo sirve para aguantar los golpes de mejor manera, no para evitarlos.
Y si uno es una víctima de la música como quien suscribe, la cosa se pone totalmente chunga. Recuerdo mis primeros y solitarios paseos por Madrid escuchando canciones de Charly Garcia, Divididos o Andrés Calamaro y amplificando la nostalgia natural de sus letras hasta las lágrimas.
Recuerdo dos momentos en particular. El primero es volver en autobús de un hospital en las afueras de Madrid escuchando el disco de la Bersuit VergarabatLa Argentinidad al palo”. El disco me resultaba bastante flojo y se empezaba a notar que la banda ya no podía sostenerse mucho tiempo mas en el lugar de “somos los chauvinistas que protestamos contra todos los males de este mundo” pero llegó la última canción del disco dos y se cayó todo el bonito discurso que tenía armado. La letra de “el viento trae una copla” se plantaba delante de mi cara (y los oídos) para decirme de donde venía, y relatarme toscamente la realidad de muchos compatriotas que llegaron a estas tierras convencidos de algo que no existía. Sin querer justificarme creo que la emoción principal radica en el crescendo de la canción y esos coros tipo murga uruguaya. Sea lo que sea las lágrimas brotaban de mis ojos sin control.
La siguiente vez fue después del primer viaje a Buenos Aires de mi mujer. Ella viajó sola porque yo estaba muy reacio a volver, me ganaba el dolor y no podía asumir la idea de viajar a Argentina, ni siquiera de visita.
Lógicamente vino cargada de alfajores, delicias gastronómicas varias y lo mas importante para mi, música. En ese momento se había publicado un disco el vivo de León Gieco titulado “El Vivo de León”, recuerdo que mi mujer se incorporaba al trabajo ese mismo día, la acompañe a tomar el autobús y puse en mi discman el cd en cuestión, la primera canción se titula “cinco siglos igual” y la canta a capella con el público. Escuchaba la letra (básicamente habla del brutal derramamiento de sangre en la conquista de América, que actualmente continúa inexorable.) y no había forma de parar mis lágrimas y mi emoción. Ese día empecé a plantearme la posibilidad de volver a visitar a mi gente en Argentina.
Pero como todo cambia (sobretodo la gente) y el tiempo es tirano, la cosa se empezó a transmutar un poco, el proceso no fue sutil, pero si muy lógico.
Cuando se estreno la película de AlmodóvarVolver”, una de las formas de promocionarla era un videoclip de Penélope Cruz cantando el tango volver (no se emocionen demasiado, la que ponía la voz era Estrella Morente) y cada vez que la canción sonaba en la televisión mi mujer comenzaba a llorar inmediatamente. Digamos que la letra lógicamente conmueve, el asunto es que esta vez la música tenia un punto flamenco importante, ahí empecé a notar que algo estaba pasando.
Por otra parte, mas allá de la crisis económica y artística que personalmente creo sufre mi país de origen, año tras año eran menos los discos que encargaba allí y mas los que compraba aquí. Debo reconocer que después de casi 6 años la diferencia es abismal, cada dos discos argentinos, no menos de diez españoles.
Y ahora me encuentro sintiendo como propios a artistas como Nacho Vegas, Iván Ferreiro, Enrique Bunbury o Lichis de la Cabra Mecánica. Tengo sus discografías completas y no me apetece vivir sin ellas, la necesaria pertenencia a mi nuevo hogar hizo que estos artistas en cuestión se vuelvan imprescindibles en mi nueva realidad.
Por eso en mi último viaje a Buenos Aires, cuando paseaba por mi querido Palermo, y no confundir con el actual palermogólico, soy de Palermo Viejo de toda la vida (la foto del link es de la calle donde yo nací) estaba escuchando “El extranjero” de Enrique Bunbury en mi ipod y tenía la sensación de estar lejos de casa. Y mas allá de sentirme muy a gusto con los míos había algo que me faltaba, ahí me di cuenta que empezaba a sentir nostalgia por mi nuevo hogar, y que por culpa de ese sentimiento detrás de la próxima esquina estaba plantada la nostalgia, un poco mas joven, preparada para atacarme otra vez.

Este es mi mayor fetiche no consumado, lo vengo dilatando demasiado pero creo que ya no voy a poder resistirme mas. No se si la culpa la tiene la edad, la búsqueda absurda e infinita de la alta fidelidad, la falta de ediciones de cierto material o simplemente la nostalgia de que todo tiempo pasado fue mejor. Pero necesito volver a escuchar el sonido de la aguja de diamante atravesando el surco del vinilo.
Recuerdo mi infancia con la bandeja Ken Brown y ciertos discos que no podían faltar en cualquier casa de Buenos Aires a finales de los años 70. “I Robot” de Alan Parsons Project, “Live killers” de Queen, “Frampton Comes Alive!” de Peter Frampton y un disco de la UNICEF que se llamaba “the music for unicef concert” que contenía todos los hits del momento de Abba, Bee Gees y Rod Stewart. Este fue uno de los primeros proyectos que uso la solidadridad como pretexto para promocionar a los “Generosos” artistas.
Llegue a tener bastantes vinilos propios a pesar de mi corta edad, recuerdo el single de Flash de Queen, un compilado que se llamaba “Winners III” que traia “Babooshka” de Kate Bush, “9 to 5” de Sheena Easton y “Betty Davis Eyes” de Kim Karnes, y no me puedo ni quiero olvidar el gran hit “The Gambler” de Kenny Rogers (el country llegaba a mi vida sin que yo me enterara) una asquerosa maravilla.
Pero como el cassette llego muy temprano a mi vida el vinilo no llego a ocupar el lugar que le quiero dar ahora. La practicidad del cassette y su portabilidad lo hicieron protagonista de mi vida, como luego lo fue el CD, el minidisc y actualmente el mp3.
Pero desde hace unos años me entraron unas irrefrenables ganas de volver al vinilo, tengo muchos justificativos que hablan de la diferencia de lo analógico y lo digital, aquí una de las razones:

– El vinilo reproduce en un surco la forma original de la onda de sonido, es un formato analógico, por lo tanto, el sonido no sufre distorsión en este aspecto, se guarda tal y como se grabó en el estudio.
– Reproduce todo el espectro musical, desde las frecuencias más bajas hasta las más altas que el oído no puede captar directamente, pero permite que el sonido se mantenga repleto de armónicos (aquello que a grosso modo nos permite diferenciar el maullido de un gato del sonido de un violín).

Pero mas allá de esta importantisíma razón técnica mi motivo es otro, y básicamente se trata de la nostalgia, así de simple.
Es el deseo de volver a valorar el arte de tapa de un disco, sus secretos, su diseño. El concepto de lado A y B. Los discos antes se pensaban de otra manera y la importancia del track que ocupaba la canción era fundamental. The Wall de Pink Floyd se disfruta mucho mas en 4 caras que en 2 cd.
Entrando en el plano domestico mi chica me quiere regalar un plato (bandeja) para nuestro aniversario de bodas, yo le vengo dando vueltas,pero no porque no lo desee, sino porque se que voy a volver a obsesionarme, y que en cada ciudad que vayamos me voy a pasar horas en las tiendas de vinilos y en los rastrillos buscando aquella perla perdida que jamás llego al cd o simplemente comprando de nuevo algún clásico solo por el placer de llegar al hogar y poder escuchar esa bella y sutil lluvia que precede al encuentro con la música en los vinilos. Y de esta manera sentir que me encuentro mas cerca del artista y de la inocencia de aquellos tiempos pasados que no fueron mejores, simplemente fueron encantadores.

No lo puedo evitar, tengo la necesidad de hacer otro post sobre este artista, los motivos son varios, uno es que tuve la oportunidad de verlo en vivo aquí en Madrid vos veces en dos circunstancias diferentes pero igual de geniales. La primera vez en los jardines de Casa de América un sábado por la tarde, y la segunda vez el martes pasado en un garito de Madrid a pocas horas de su vuelta a Buenos Aires.
Después de disfrutar en vivo de sus canciones se confirmo lo que pienso sobre este artista. Es uno de los mas grandes que dio la Argentina en los últimos años, su sensibilidad es increíble, inmensa, su arte a la hora escribir es una maravilla, logra darle un valor inmenso a las palabras y una sonoridad única con su timbre de voz.
Otro de los motivos es que tuve la oportunidad de hablar brevemente con el en ambos shows, y asi pude descubrir que es una persona sencilla y agradable, que la misma paz que transmite en sus canciones también esta presente en su cercanía y su amabilidad, estuve tentado de entrevistarlo para este blog pero debo reconocer que mi fanatismo me intimido y temía no poder hablar con el sin caer en la obsecuencia. Hay muchas posibilidades que repita sus actuaciones en España en el mes de octubre de este año, no creo que la próxima vez deje escapar la oportunidad.
Pero para no se queden los lectores de este blog con ganas de conocer mejor al artista en cuestión voy a dejarlos con tres videos, los dos primeros forman parte de una entrevista y el tercero esta grabado con mi móvil en su ultima actuación en Madrid, la calidad del video es pésima, pero despues de meterle un poco mano en el Final Cut hasta parece video arte, y la interpretación de “Dios me ha pedido un techo” no tiene desperdicio, espero puedan disfrutar del artista.
Gracias Gonzalo por traer a Gabo a estas tierras, espero se pueda repetir en octubre.

Esta vez voy a aprovechar este espacio para recomendarles una novedad. En estos últimos años no es muy frecuente que aparezca un artista nuevo que logre sorprenderme con la calidad de su obra, creo que desde los discos debut de Badly Drawn Boy, Rufus Wainwright o Elliot Smith (prometo post de cada uno de ellos) no surgía un solista que me tuviera escuchando su disco 3 o 4 veces sin aburrirme, y el merito esta vez le pertenece a Ferraby Lionheart y su disco “Catch the Brass Ring”.
Sus canciones son muy sencillas y ahí radica su belleza, mucho piano, cuerdas y demás elementos pop visten a las canciones de un sonido nostálgico y melancólico, la influencia Beatles es muy fuerte, por momentos parece que estuviéramos escuchando el álbum blanco.
Poco es lo que se sabe de Ferraby Lionheart, aparte de este disco debut hay un EP donde ya queda claro el talento de nuestro nuevo amigo. Personalmente espero poder seguir disfrutando de su obra y que su trayectoria no sea tan corta como este post.

Los dejo con un video de este album debut, enjoy the trip.

Hay mucha gente en el mundo que logra mas reconocimiento por su obra fuera de su tierra que dentro de ella, casi siempre este hecho esta vinculado a que el artista en cuestión tiene tanto peso propio que no necesita de chauvinismos ni banderas para valerse en el mundo, solo con su arte le alcanza. Creo que dos de los mejores ejemplos de artistas con estas características que ofreció la Argentina son Jorge Luis Borges y Astor Piazzolla, y como este es básicamente un blog de música el maestro del bandoneón es nuestro tema en cuestión.

Personalmente llegue a Piazzolla por la banda de sonido de la película “Sur” de Pino Solanas, recuerdo que cuando se estreno el film mi corazón estaba mal de amores y el sonido del bandoneón lograba amplificar la angustia del amor hasta limites inimaginables. A partir de ese momento el maestro entro en mi vida. Lamentablemente un par de años después cayo enfermo y nunca tuve la oportunidad de verlo en vivo, pero dejo una obra tan genial e inmensa que me acompañara el resto de mi vida.

Ahora en Argentina se puede encontrar gran parte de su discografía en ediciones muy completas y con mucha información, pero esto se debe al efecto “for export” del tango y al aluvión de turistas post crisis que valoran lo que puertas adentro se bastardeo durante mucho tiempo, hace unos años no se encontraban mas que compilados mal armados en ediciones miserables y espantosas. Recuerdo que un melómano tan enfermo como yo me dijo, “si quieres buen material de Piazzolla lo vas a encontrar en Bélgica o Dinamarca, para ellos es Dios”.

En Argentina a Piazzolla no lo querían, los puristas del tango no aceptaban su renovación del género, lo mismo le paso al flamenco con Camarón y al jazz con Miles Davis, los genios renovadores nunca son reconocidos en su momento. La torpeza auditiva de sus contemporáneos es infinita.

Una vez que se ingresa al mundo Piazzolla es muy difícil poder salir de allí, su música no permite escapatoria alguna. Te abraza pero también te enerva, te excita y te alegra, todo esto al mismo tiempo, solo la música clásica o el jazz de genios como Monk, Davis o Coltrane lograron esto con mis emociones.

Para mi Buenos Aires suena a Piazzolla, solo con escucharlo puedo ver la calle Corrientes en blanco y negro, el obelisco y todo su universo, me remite a la fauna y flora de una ciudad nocturna y marginal, la que mas extraño porque ya no existe mas que en mis recuerdos.

El 2008 tuve la suerte de comenzarlo en Paris, por esos días mis emociones estaban un poco complicadas y mientras recorría la ciudad encontré en una tienda de discos un tesoro maravilloso, un box de 10 discos del maestro a 10 euros (a un euro por cada gema), fue el mejor regalo que la segunda ciudad del tango me podía hacer para comenzar este año que pintaba negro desde su génesis.

Recuerdo llegar al apartamento donde estábamos parando con mi mujer y poner una de las tantas versiones de Adios Nonino que traía esta cajita mágica, y que no pasaron dos minutos sin que empezáramos a llorar como niños con el corazón destrozado, con toda la angustia y la fuerza que dan el dolor y la nostalgia. Mas allá que derramábamos lagrimas personales lo que sentíamos era la música dentro de nuestro corazón, y toda esa emoción que no se puede contener, que si no sale para afuera te podes morir. Eso es Piazzolla, el músico mas increíble que pudo parir este mundo, y que por suerte para mi, nació en Mar del Plata.

Recuerdo perfectamente la primera canción que grabé en mi vida, “Look Sharp” de Joe Jackson. Sonaba en la radio una tarde del año 1981, me gustó el ritmo -años después descubrí que eso era la new wave- Rápido, para no perderle apreté fuerte las teclas de play y rec de mi grabador monoaural, regalo de mi cumpleaños número 11. De esta manera comenzó mi viaje por el mundo de las compilaciones.
Sí tenemos en cuenta que dejé de usar cintas de audio allá por el año 2000 calculo que en casi 20 años debo haber grabado más de 1500 tapes.  Lógicamente las primeras grabaciones respondían al caos o a la voluntad de las emisoras radiales. Y – como todo niño que quiere formarse su propio gusto musical- tenía que estar pendiente cada vez que sonaba alguna de las canciones que me interesaban. Más de una vez atravesé corriendo el salón de la casa para lograr grabar algún hit de Kiss, Queen o Alan Parsons Project.
Luego, con la pubertad llegaron las alteraciones hormonales y con ellas los primeros bailes en casas de amigos, y creo que a estas alturas del relato ya saben quien era el encargado de la música. En estas situaciones  lo fundamental era  mantener el clima para conseguir el tan preciado “beso de alguna niña”. Tarea extremadamente difícil, compleja y sacrificada. En más de una ocasión tuve que soportar pinchar canciones espantosas de Sandra Mihanovich o Cesar “Banana” Pueyrredón que las detestaba, todo sea en favor de conseguir los labios amoroso de una chica; si el  beso llegaba, el calvario padecido valía sinceramente la pena.

La verdadera posibilidad de lograr los compilados perfectos llegó a mi vida cuando me regalaron un equipo Panasonic de doble cassettera, allá por el año 1987. A partir de ese momento todo un universo se abría frente a mis oídos. Más allá de poder copiarme material de mis amigos que yo no tenía, con mi nuevo equipo podía grabarme los compilados más maravillosos para mi walkman. De esta manera lograba que me acompañe la música ideal para cada momento. Días tristes o nublados The Cure, Echo and the Bunnymen y Bauhaus. Días felices o soleados New Order, Madness y Housemartins.
Así fue haciéndome del hábito de salir a la calle, al menos con n tres cintas. Sabemos que la ciclotimia es frecuente en los adolescentes y ante la posibilidad de enamorarme de la mujer de mi vida, que lleguen los extraterrestres o que me abandonara mi novia de ese momento no podía encontrarme expuesto a semejante situación sin el back up musical correspondiente. Pero el objetivo principal de las cintas compiladas es otro y todos los sabemos, llegar al lugar más profundo del corazón de las chicas.

Grabarle una cinta a una chica se plantea como una tarea complejísima. La elección de la canción incorrecta podía hundirnos en el terreno del desprecio total. Los mensajes entre líneas tenían que lograr el efecto subliminal deseado. Que básicamente se trataba de que caigan rendidas a nuestros pies -no por nuestra belleza- sino por nuestro maravilloso gusto musical. También las matemáticas y la física jugaban un papel fundamental en estos casos. Era primordial calcular las duraciones para lograr que queden pocos segundos y así completar los 30 minutos de un lado. El mayor esfuerzo que debía tomarse nuestra amada de turno era girar la cinta y poder seguir disfrutando de nuestro arte como compiladores. En estos casos se usaba un bolígrafo bic para los ajustes milimétricos de la posición de la cinta con el cabezal de grabación y de esta manera empalmar los finales. Esto era un verdadero arte de relojero suizo. La sola idea de que una canción se cortara nos hacía merecedores de la guillotina o el garrote vil.

El tiempo pasó inexorable,  la era digital de la mano del CD se cargó esta tarea artesanal, ni hablar del daño causado por el mp3 y el intercambio de música a través de la web. Se acabó el romanticismo.
Supongo que hoy si una chica te dice que le gusta una canción de Snow Patrol le bajas la discografía completa (incluidos piratas) y listo el pollo.

Pero en mi caso tuve una segunda oportunidad. Cuando me vine a vivir a Madrid la mejor manera que encontré de contarle a mis amigos más cercanos sobre mi nueva vida, fue grabando compilados en CD con la música que llegaba a mis oídos en esta etapa madrileña. Aquellos pocos elegidos que recibían mis discos sabían leer perfectamente mi estado de ánimo a través de la música seleccionada.
Cuando preparaba estos discos volvía a concentrarme como en aquellos años donde podía pasarme de 3 horas a 3 días persiguiendo el sueño inocente e intrascendente del compilado perfecto…

Gracias Pato (@edecanurbana) por corregir este post con tanto cariño 🙂

2085666.jpg Hace unos años cuando vivía en Buenos Aires tenía una pequeña productora de video con dos amigos, Gabriel y Pablo. Mas allá de los muchos buenos y pocos malos momentos que recuerdo de aquella época había algo especial en el asunto, disfrutábamos como enanos con lo que hacíamos, y lógicamente la música estaba de fondo todo el tiempo, no podía ser de otra manera.
Una tarde, escuchando la rock & pop estaba Gustavo Cordera (cantante de la Bersuit Vergarabat) contando la música que escuchaba en ese momento, y empezó a hablar de un músico uruguayo que le parecía buenísimo y recién había sacado un disco, el CD en cuestión era Frontera y el artista era Jorge Drexler.
Como corresponde en estos casos, al día siguiente fui a por el disco y me costo recorrer muchas disquerías de la ciudad hasta conseguirlo, no porque fuera muy popular como lo es ahora sino porque no lo conocía casi nadie.
Cuando lo escuchamos con los chicos quedamos enganchadísimos, no se cuantas vueltas dio ese CD en el reproductor del estudio, no podíamos dejar de escucharlo, la exacta mixtura entre lo folcklórico y la electrónica lo convertía en un producto genial.
El siguiente disco se llamó Sea y me lo trajo de España Gabriel (junto con el Salmón quíntuple de Andrés Calamaro que no se editaba en B.A.) cuando vino por primera vez a testear estas tierras con planes de radicación. Esta es otra joya de su discografía que asocio a mi migración, lloré mucho en Madrid escuchando estas canciones, y nunca olvidare cuando me reuní con mi mujer después de pasar los primeros meses sin ella, nos besamos bajo la lluvia mientras en mi discman sonaba la canción Sea.
Otro recuerdo tremendo que tengo es cuando salió el disco Eco, al día siguiente fueron los atentados de Atocha, recuerdo que dos días después estaba en el metro con el corazón destrozado llorando lagrimas incontrolables junto con montones de personas a las que le sucedía lo mismo, y lo único que me consolaba en el dolor era escuchar la canción polvo de estrellas.
Luego todos conocen la historia. La canción Al Otro Lado del Río de la película Diarios de motocicleta lo convierte el dueño de un oscar ( a pesar de la versión de Antonio Banderas en la gala) y llega la popularidad a grandes niveles. Tuve la suerte de verlo en vivo en un pequeño teatro de Alcalá de Henares en un concierto muy intimo, su comportamiento en escena es de una humildad impresionante, y al escucharlo logra transmitir la misma tranquilidad que Caetano Veloso. Todo un artista.
Y gracias a el conocí a artistas como Eduardo Mateo, volví a escuchar a Rada, Los Fatorusso (en todas sus versiones), Zitarrosa y el gran Jaime Roos, grandes artistas del otro lado del río.
Esta semana salió a  la venta un disco en vivo grabado en su ultima gira llamado Cara B (lo estoy comprando en iTunes mientras escribo esto) y mientras lo escucho recuerdo la intimidad de aquel concierto, y algo parecido a la paz se apropia de mi persona, tarea complicada si las hay.